CINE · AULLIDOS
Crítica de Home Sweet Home (2013)
Home Sweet Home
Crítica de Home Sweet Home
Si bien es cierto que ya existían películas “Home Invasion” anteriores a 2008, es razonable señalar que dicho año fue el “boom” que catapultó, formalizó y estableció las pautas de este subgénero, hasta entonces difuso entre acepciones del Thriller, y el que lo convirtió en paradigma del desgastado cine de psicópatas de principios de siglo.
“A l’intérieur”, “The Strangers”, el remake de “Funny Games” y a la postre “The Collector”, concibieron en 2008 una troupe de maniacos diferente, más aterradora, y sobretodo más cercana al público que los oriundos del Slasher.
De pronto las víctimas habían dejado de ser adolescentes vagos, drogadictos, promiscuos y malcriados, la patata caliente pasaba a manos de sus opuestos, los adultos, y no sólo eso, a familias estables, matrimonios felices o madres embarazadas, gente honrada y responsable con la que podías empatizar. Los escenarios ya no eran campamentos remotos, granjas sureñas o mansiones ruinosas, sino casas y apartamentos de un vecindario cualquiera. La figura del asesino también perdía su pose romántica y naïve, había dejado de ser ese vengador sui géneris con dejes de justiciero, para adoptar una forma de crueldad nihilista basada en el ocio, el sufrimiento postergado y la aleatoriedad. Pero la mayor diferencia es que las víctimas ya no iban como corderos al matadero, no buscaban la muerte, todo lo contrario, se la traían a domicilio. En pocas palabras, se había roto la barrera del confort, y el espectador regresaba a casa con media sonrisa y una sombra de intranquilidad en el rabillo de un ojo.
Tan sólo cinco años después, y tras varios ejemplos salteados que avivaron la llama, véanse “Secuestrados” o “Silent House”, vuelven a coincidir otras cuatro películas de allanamientos en cartelera.
“Home Sweet Home” compite en esta ocasión con “The Purgue”, “You’re the Next” y “Static”, una rivalidad que como en 2008, apunta maneras de alianza.
“Mutants” supuso no hace mucho el debut cinematográfico de David Morlet, aquella modesta película de zombies víricos con un temprano giro hacia el drama intimista. Quien la haya visto sabrá a que atenerse, pues en cierto modo, y salvando las distancias temáticas, “Home Sweet Home” arrastra gran parte de sus aciertos y defectos.
Uno de los tics heredados es el ritmo; pausado, monocorde, y en ocasiones irritante, y eso que “Home Sweet Home” empieza a saco, en contra de la política habitual del “Home Invasion”.
Nada de amenazas telefónicas anónimas, cortes de luz, acechos con respiración pesada de fondo, planos subjetivos a través de las ventanas, ni sombras borrosas cruzando pasillos. Morlet se salta los preámbulos y derrocha los primeros 20 minutos de metraje en mostrar al asesino zascandileando por una casa vacía. Demasiado tiempo para afinar una atmósfera de suspense, y demasiado poco para familiarizarse con el matrimonio protagónico; un desequilibrio narrativo que debilita la cualidad empática de la que suele valerse este subgénero para transmitir angustia e incomodidad en el espectador.
El carisma del asesino también flojea por momentos. Tras una presentación excesiva y cuasi onanista, donde parece recrearse en su look como un niño con zapatos nuevos, las expectativas terminan deshinchándose por culpa de la excesiva opacidad del personaje, tristemente desaprovechado pese a acaparar la mayoría de planos.
El minimalismo audiovisual, libre de artificios o excentricidades, apoya la frialdad del guión (y del maniaco), pesando en el ya de por sí lánguido ritmo de la película, que al final se hace más larga de lo que es.
Si has visto cualquiera de las películas antes citadas, cosa más que posible, “Home Sweet Home” puede que se te haga lenta y predecible, e incluso decepcionante al no estar a la altura en cuanto a violencia física y psicológica. Sirva al menos para desconectar un rato de ciertas modas abusivas, o como empujón para que otras tristemente olvidadas se animen a dar la cara (o la máscara).