Especial: La Maldición (The Grudge)


Han pasado quince años desde que uno de los productores y directores de más éxito de los Estados Unidos, SAM RAIMI (Un plan sencillo, Spider-Man, Arrástrame al infierno), presentara por primera vez a los espectadores norteamericanos El grito. Ahora, el creador de la serie de Posesión infernal está entusiasmado de regresar a una de sus historias favoritas en una versión más adulta. “Cuando hicimos la original en 2004”, recuerda Raimi, “el terror seguía siendo algo más bien marginal, para un público de culto. Pero ahora se ha popularizado entre el gran público”.

La versión americana de 2004 se basaba en la película japonesa de terror La maldición (The Grudge), dirigida por Takashi Shimizu, que fascinó (y aterró) a los aficionados al terror en Japón. La película fue tan popular en Japón que, un año después, no solo había generado una secuela, sino que había despertado el interés de Raimi en hacer que Shimizu la llevara al público estadounidense. “Las películas de La maldición (The Grudge) de Takashi tuvieron mucho éxito en Japón”, comenta Raimi, “y me gustó tanto su serie, que quería que los espectadores estadounidenses vieran La maldición (The Grudge)”.

Raimi cree que es el momento adecuado para retomar la franquicia, sobre todo teniendo en cuenta que los aficionados al género lo han abordado a menudo a lo largo de los años pidiéndole una versión para adultos de la película. “Hay muchos fans que han estado pidiendo ver otra entrega de La maldición (The Grudge)”, asegura. “Pero pensamos que no podíamos hacer otra hasta que encontráramos el enfoque adecuado para contar la historia”.
Ese enfoque es lo que aporta NICOLAS PESCE (pronunciado “Pesh”) que estudiaba secundaria cuando vio por primera vez la versión de 2004 de La maldición (The Grudge). “A esa edad, era un miedica tremendo. Las películas de miedo me ponían los pelos de punta”, admite, al haberse criado viendo más películas clásicas de terror en blanco y negro. Pero, tras ingresar en la escuela de cine, se dio cuenta de que esas películas de terror eran las que realmente despertaban su interés, no los filmes más artísticos que le enseñaban en clase. “El hecho de que una película pueda, días después, hacer que te dé miedo ir a la cama es alucinante”, afirma.

Pesce llevó su ópera prima, The Eyes of My Mother, al Festival de Cine de Sundance en enero de 2016. Allí, el socio en la producción de Raimi en Ghost House, Rob Tapert, y el productor Roy Lee (Godzilla: Rey de los monstruos), vieron la película y se reunieron con el director novel. “Estaba haciendo la típica ronda de reuniones que se suele hacer allí”, recuerda Pesce, que acabó con la de Lee. “Estaba hablando entusiasmado sobre lo mucho que me gustaban las películas de La maldición (The Grudge), ¡ni siquiera sabía que estaban tratando de hacer una nueva!”. Aunque el guionista Jeff Buhler ya había entregado un primer borrador de un guion, a Lee le había gustado especialmente la interpretación de Pesce de que las películas eran en esencia antologías de historias, que seguían a distintos personajes en distintos lugares. Lee le comunicó que en realidad estaban intentando hacer una nueva película y le preguntó si tenía alguna idea. “Es un tapiz de historias vagamente interconectadas, que giran todas en torno a una casa”, comenta Pesce. “Así que teníamos la oportunidad con esta franquicia de no hacer un remake, sino más bien de añadir una nueva entrega a la serie, un nuevo capítulo al canon”.



Tras embarcarse oficialmente en el proyecto al mes siguiente, Pesce empezó a desarrollar una historia que, a diferencia de las entregas anteriores, en esta ocasión viniera acompañada de una calificación para mayores de 18 años, a la que pensaba sacarle el máximo partido. “Nos pareció que era hora de llevar La maldición (The Grudge) más lejos”, explica Raimi. “El hecho de que Nick pudiera hacer esta película para mayores de 18 años era un arma estupenda en el arsenal de un narrador cuyo objetivo es aterrorizar a los espectadores. Puede mostrar a esos vengativos fantasmas haciendo verdadero daño a sus víctimas y puede mostrar sangre en la pantalla sin temor a que la corten”.
Pesce empezó a construir una historia sacada de sus propias experiencias vitales, en concreto de criarse a las afueras de Nueva York, en un pueblecito llamado Cross River. “En cualquier pueblo pequeño, hay folklore y leyendas, ‘Oh, ¿sabías que, he oído que, en esa casa, pasó esto?’ y ‘¿Has oído lo del padre de fulanito?’. Resulta fascinante, te fijas en lugares aparentemente idílicos y, a puerta cerrada, es un mundo diferente. Ocurren cosas horrorosas incluso en los lugares más glamurosos”. Así que juntó algunos de esos recuerdos e historias y creó su propia mitología.

Lo primero que hizo Pesce fue trasladar la historia de La maldición (The Grudge) a terreno norteamericano por primera vez, a un pueblecito llamado... Cross River. “Hay ciertos elementos subyacentes que hacen que La maldición (The Grudge) funcione que son muy específicos de la ambientación de las películas originales”, explica el productor ejecutivo Schuyler Weiss, que produjo los dos filmes anteriores de Pesce. “Y si te atienes a esas reglas, eso te conecta automáticamente con las películas anteriores. Pero también te da mucha libertad, en cuestión de historias y personajes”.

Pesce ambientó la nueva película en 2004, retomando la cronología de la primera entrega estadounidense y haciendo algo que seguiría haciendo a lo largo de todo el proyecto: rendir homenaje a los títulos anteriores de La maldición (The Grudge). “En la película de 2004, se ve que Yoko sustituye a alguien, a quien nunca se menciona”, explica. “Nos pareció que sería divertido si estuviera sustituyendo a Fiona Landers”, que regresaría entonces a Estados Unidos, aunque infectada con la maldición. Se puede ver a Fiona brevemente al principio de la película, saliendo de la misma casa vista en las películas anteriores ambientadas en Japón... y empezando una “infección” completamente nueva en Estados Unidos, dejando el hogar maldito de los Saeki y ahogando posteriormente a su propia hija, tal como Kayako (a quien los fans más observadores podrán ver fugazmente en esa escena inicial) hiciera con su hijo, Toshio.

Un aspecto muy importante de la forma de narrar de Pesce, que se trajo consigo de la película original de Shimizu, es su forma de jugar con el tiempo. Aunque la película empieza con el descubrimiento por parte de Muldoon y Goodman del cuerpo en descomposición de Lorna Moody, la historia va saltando de la actualidad a diferentes momentos de las demás historias (los Spencer, los Matheson y Wilson). “Ves retazos que no acabas de entender cómo se conectan entre sí, historias truncadas que, al principio, no parecen tener nada que ver unas con otras, hasta que ves toda la película”, explica el director. “Es una especie de rompecabezas. Se trata de descubrir cómo están relacionados todos estos hechos, descubrir pistas de las historias de los demás que te permitan entender mejor otra de las líneas argumentales”.

Weiss opina: “Es una oportunidad estupenda para crear misterio, sobre todo porque los protagonistas principales son inspectores. Así que están intentando resolver ese crimen y nosotros, los espectadores, a veces descubrimos cosas en las demás historias que los inspectores también están intentando averiguar. Y a medida que pasamos de una a otra, empezamos a entender qué fue lo que realmente sucedió aquí”. Raimi prosigue: “Es una de las cosas que la convierten en una experiencia más adulta e interesante para los espectadores. Depende totalmente de ellos prestar atención a lo que está pasando y deducir qué fue lo que sucedió, cuándo y quién mató a quién. Al final, habrán resuelto un rompecabezas. Es una película complicada pero satisfactoria de ver”.

En la película original de Shimizu, presenta la historia de cada personaje con un rótulo con su nombre. Así que, como homenaje a eso, Pesce también lo hizo, pero de una forma más sutil. “Ofrecemos únicamente el año en que empieza cada historia, pero ninguno de los posteriores. Así que, cuando estás viendo cada parte, te tienes que preguntar: ‘Un momento, ¿cuándo era ese último capítulo? Oh, eso era 2004, vale’. Me gusta cuando los espectadores tienen que participar activamente. Las películas pasivas son divertidas, pero cuando tienes que esforzarte para seguir la película, si estás dispuesto a realizar dicho esfuerzo, al final va a resultar una experiencia más gratificante”.
La maldición se aprovecha al máximo de los problemas de los personajes. Por ejemplo, Peter quiere tanto ser padre que, cuando llega la casa de la maldición, se encuentra con una chica a la que le empieza a sangrar la nariz. “Vemos cómo se le despierta el instinto paterno”, señala Pesce. “Se ocupa de una chica que intenta encontrar a sus padres y eso es precisamente lo que hace que se meta en problemas”.

En su mayor parte, los fantasmas en realidad no hacen daño físicamente a la gente, señala Weiss. “Estos fantasmas son por sí mismos aterradores, pero no hacen nada a la gente. Los sumen en una especie de locura que los lleva a hacerse cosas horribles unos a otros y a sí mismos. Así que el mayor peligro de esta película son las propias personas. Los momentos más sangrientos, viscerales e impactantes son las cosas que estos personajes se hacen unos a otros y a sí mismos. Ese es el verdadero terror”.

 
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