El demonio en el cine


A MODO DE INTRODUCCIÓN

A menudo el género de terror se ha nutrido de una temática satánica para remover los cimientos de las creencias de los espectadores. Nada más terrorífico que el miedo a la muerte, y con él el pánico atávico a los males que promueven todas y cada una de las religiones para los supuestos pecadores. La mitología cristiana es un buen ejemplo de ello, sumiendo a los pecadores en tormentos infinitos de un Infierno aterrador. Quizás por ello una película como "El exorcista" (dirigida por William Friedkin en 1973), provocó deserciones (se dice que incluso nauseas y colapsos nerviosos) de las salas de cine donde exponían la película.

Aquel guión de William Peter Blatty era pura provocación, las escenas sacrílegas y blasfemas se sucedían por doquier (llegando a sus más altas cotas con la escena de la masturbación con el crucifijo). Además, para más angustia, el objeto de aquella posesión demoníaca era una pobre niña sin culpa ni pecado, lo que hacía si cabe más injustificable tanto tormento y dolor ante los atónitos ojos de los espectadores más creyentes. Sin embargo, la gran cantidad de público que se acercó al cine para ver en pantalla grande aquel film tan radical, dejó claro que a la gente le gusta pasar miedo a costa de sus fantasmas más profundos. También quedó patente el regusto del espectador por las escenas desagradables. Fruto de aquel éxito de taquilla, "El exorcista" tuvo dos continuaciones (la segunda parte filmada en 1977 por John Boorman, la tercera en 1990 por el propio guionista Peter Blatty), un reestreno a nivel mundial con la versión del director, y dos precuelas (2004, Renny Harbin y Paul Schrader). "El exorcista" dejaba claro que las películas con tintes demoníacos podían dar mucho juego de cara a la taquilla.





Años antes ya había tenido su éxito otra película de trasfondo demoníaco. Era "La semilla del diablo" (1968), obra maestra dirigida por Roman Polanski. Una joven (con los inquietantes y enfermizos rasgos de Mia Farrow) con justificadas dudas sobre la paternidad demoníaca (o no) de su embarazo, es la protagonista del film. En él, el terror viene de la cotidianidad, de la duda, de la sospecha. De un marido que no parece trigo limpio y de unos vecinos tan encantadores como siniestros. El final, trágico y extremadamente coherente, nos deja uno de esos momentos memorables de la historia del cine.

Una película de similares características, aunque de tratamiento diametralmente opuesto es "La profecía" (1976, Richard Donner). Las sospechas de un diplomático (con el siempre interesante rostro de Gregory Peck) sobre el verdadero origen de su hijo adoptado (es un decir) Damien, serán el centro de una investigación para averiguar la relación entre las horribles muertes que se suceden a su alrededor y el extraño comportamiento del pequeño niño. Las muertes son todas espectaculares (en especial, por malsana e inquietante, la escena de la niñera en la fiesta de cumpleaños), y el terror se entremezcla con un ejercicio de misterio e investigación que mantiene el interés del espectador durante toda la cinta. Con muchísimos menos efectos especiales, "La profecía" resulta igual (o más) de interesante que "El exorcista", ambas películas verdaderos potentados del cine de terror. El niño, supuesto anticristo, de "La profecía" lleva el rostro de Harvey Stephens, que no repitió papel en las sucesivas secuelas (tres hasta el momento, sin contar con el remake del 2006).

Las tres películas mencionadas hasta el momento tienen al menos dos cosas en común: todas ellas tienen una leyenda negra detrás (¿quizás como macabra campaña de marketing?) y que, aún siendo verdaderos estandartes del cine demoníaco, el personaje de Satán no sale por ningún lado. Veamos ahora alguno de los rostros más populares que han interpretado al mismísimo Señor de las Tinieblas.
 
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