Crítica de "En La Hierba Alta" (*** ½), el título que ha inaugurado el Festival de Sitges

Poco antes de entrar en el campo de En la hierba alta (Vincenzo Natali, 2019) uno de sus protagonistas recoge del suelo un manoseado, casi deshecho ejemplar de Jane Eyre. Quizás usar de esta manera la obra maestra de Charlotte Bronte sea un guiño, un enlace: el del gótico clásico con el American Gothic y el del cine con la literatura. Una conexión que en el caso de Stephen King (y ahora, también de Joe Hill) difumina sus fronteras y concilia ambos medios en una espiral que adapta hasta la más pequeña de sus obras, incluyendo un corto e intenso relato que acaba dando luz a esta simple y estupenda historieta.

El punto de partida es el mismo que el literario: dos hermanos solos en la carretera (un claro homenaje a La noche de los muertos vivientes) responden a la llamada de socorro de un niño atrapado en un enorme campo de hierba alta. Mala decisión que los atrapará en un laberíntico y claustrofóbico espacio, donde las reglas del espacio parecen desaparecer y tras el que parecen ocultarse horrores más antiguos que el propio tiempo.



Tras un segmento mucho más fiel al relato, la cinta de Vincenzo Natali despega sobre su propio camino, descubriéndose entre subidas y bajadas como ese ejercicio de personajes encerrados con sus propios terrores que tan buenos resultados le habría dado anteriormente a su realizador. Estos aspectos, el de humanos como lobos de sí mismos, podría recordar precisamente a su Cube (Vincenzo Natali, 1997), con toques de misterio y ciencia-ficción a lo The Twilight Zone o incluso segmentos hiperestilizados y videocliperos de Hannibal y American Gods.

Visiones aparte, la película juega con su premisa una y otra vez, desligándose del original para tener una personalidad propia y un peligroso carácter episódico que, en ocasiones, parece frenar el flujo de su pequeña historia. Se apoya cuando puede en un estupendo Patrick Wilson, el único miembro conocido del reparto, cuyo papel en la sombra podría recordar al arquetípico villano del universo King, algo así como un cruce entre Randall Flagg y Jack Torrance.



Lástima que el resto de sus protagonistas, atractivos y guapos a pesar de llevar mugre hasta en las cejas, no dispongan del magnetismo animal de Wilson (el niño es especialmente irritante). En una cinta de personajes, la conexión con ellos debería ser prioridad.

Aún con sus defectos, En la hierba alta es una estupenda película de género, juguetona con sus reglas y con más fondo del que podría parecer a simple vista. Como un purgatorio en el corazón de la América profunda, su historia a lo serial televisivo y sus constantes giros deberían funcionarán para todo aquel que quiera encontrarse una versión reducida, menos épica del genio (o los genios) de Maine.


Lo mejor: como expande un relato cerrado hacia nuevas fronteras.

Lo peor: su dispersión de personajes y tramas podrían dar sensación de freno.

Por Carlos Marín.