Crítica de "The Night House". Disponible en Disney+
La película dirigida por David Bruckner ("The Ritual") y protagonizada por Rebeca Hall
Desde que estrenase en 2017 la genial ‘El Ritual’ no veíamos ninguna película de manos de David Bruckner, aunque pudimos disfrutar de dos capítulos firmados por él en la serie ‘Creepshow’. Ahora, mientras se prepara para dirigir el remake de ‘Hellraiser’, Bruckner vuelve al terror con ‘The Night House’ que desgraciadamente se estrenará en televisión sin pasar en cines.
La cinta está protagonizada por Rebecca Hall, que interpreta a Beth, una maestra pasando por un horrible momento tras el suicidio de su marido. Para intentar ayudarla estarán su amiga Claire (Sarah Goldberg) y su vecino Mel (Vondie Curtis Hall) aunque Beth prefiere pasar este dolor sola o en compañía del alcohol.
Sin embargo, Beth no parece estar tan sola como quisiera, ya que diferentes y perturbadores eventos comienzan a darse lugar en su casa del lago, una casa construida por su fallecido marido, el arquitecto Owen (Even Jonigkeit). Puertas que se abren solas o equipos de música que reproducen "su canción" en la noche acaban haciendo que Beth investigue y descubra que Owen pudo haber tenido algún tipo de vida secreta. Y aunque Beth es escéptica y no cree en la vida después de la muerte, puede que empiece a tener dudas al respecto.
El guión, escrito por Ben Collins y Luke Piotrowski (‘Siren’, ‘Super Dark Times’) nos regala un rompecabezas sobrenatural que comienza intrigándonos para acabar perdiendo algo de interés según avanza la trama. El principal problema es que quiere ser un thriller de misterio, un drama sobre la pérdida y una película de terror a la vez, y no logra crear un mix que convenza a fans de los diferentes géneros. Además, a pesar de que Hall hace un gran trabajo como Beth, el personaje de la heroína no es especialmente simpático para el espectador, por lo que cuesta empatizar con ella.
Sin embargo, ‘The Night House’ es lo suficientemente inquietante como para disfrutar de su increíble tensión, de sus extraordinarios planos jugando con las estructuras de la casa para crear fantasmales siluetas y de algún que otro jump scare bien usado que nos puso los pelos de punta. Además, Bruckner es un talentoso director de género con un innegable don para dotar a espacios mundanos como esa casa de una siniestra energía.
Y a esto se suma su genial estética, obra de la dirección de fotografía de Elisha Christian y del diseño de producción de Kathrin Eder, que aportan una sólida base a una atmósfera desconcertante, todo bajo la (a veces demasiado) llamativa banda sonora de Ben Lovett.
Lo mejor: Rebeca Hall y sus jump scares.
Lo peor: sentir que estás viendo diferentes tipos de películas según avanza.
Por Pablo Pastor.
La cinta está protagonizada por Rebecca Hall, que interpreta a Beth, una maestra pasando por un horrible momento tras el suicidio de su marido. Para intentar ayudarla estarán su amiga Claire (Sarah Goldberg) y su vecino Mel (Vondie Curtis Hall) aunque Beth prefiere pasar este dolor sola o en compañía del alcohol.
Sin embargo, Beth no parece estar tan sola como quisiera, ya que diferentes y perturbadores eventos comienzan a darse lugar en su casa del lago, una casa construida por su fallecido marido, el arquitecto Owen (Even Jonigkeit). Puertas que se abren solas o equipos de música que reproducen "su canción" en la noche acaban haciendo que Beth investigue y descubra que Owen pudo haber tenido algún tipo de vida secreta. Y aunque Beth es escéptica y no cree en la vida después de la muerte, puede que empiece a tener dudas al respecto.
El guión, escrito por Ben Collins y Luke Piotrowski (‘Siren’, ‘Super Dark Times’) nos regala un rompecabezas sobrenatural que comienza intrigándonos para acabar perdiendo algo de interés según avanza la trama. El principal problema es que quiere ser un thriller de misterio, un drama sobre la pérdida y una película de terror a la vez, y no logra crear un mix que convenza a fans de los diferentes géneros. Además, a pesar de que Hall hace un gran trabajo como Beth, el personaje de la heroína no es especialmente simpático para el espectador, por lo que cuesta empatizar con ella.
Sin embargo, ‘The Night House’ es lo suficientemente inquietante como para disfrutar de su increíble tensión, de sus extraordinarios planos jugando con las estructuras de la casa para crear fantasmales siluetas y de algún que otro jump scare bien usado que nos puso los pelos de punta. Además, Bruckner es un talentoso director de género con un innegable don para dotar a espacios mundanos como esa casa de una siniestra energía.
Y a esto se suma su genial estética, obra de la dirección de fotografía de Elisha Christian y del diseño de producción de Kathrin Eder, que aportan una sólida base a una atmósfera desconcertante, todo bajo la (a veces demasiado) llamativa banda sonora de Ben Lovett.
Lo mejor: Rebeca Hall y sus jump scares.
Lo peor: sentir que estás viendo diferentes tipos de películas según avanza.
Por Pablo Pastor.
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