CRÍTICA DE UNDER THE SHADOW

Por Carlos Marín
 
El arquetipo de la mujer atravesando la presión de su entorno parece bandera del nuevo indie de terror; demasiado ha tardado esta imagen a ser traslada al Irán del 88, con el rol de una madre y mujer, expulsada de su carrera -la medicina- por defender sus ideas políticas y maniatada en un país que ni siquiera te deja tener VHS en casa. Una atmósfera asfixiante que, al contrario de lo que uno creería ver en un film en ese contexto, se convierte en un genial retrato en clave de horror de los procesos de pérdida, de frustración y discriminación.

La etiqueta de "la Babadook Iraní" que parece haberse ganado no es, ni mucho menos, el más adecuado para Under The Shadow (Babak Anvari, 2016): primero por su producción, británica y no iraní (Anvari nació en Irán, pero se crió en Londres); segundo, porque la historia de un Djinn que parece fijar en la protagonista y su hija en plena guerra Iraqoiraní bebe de unos trasfondos más lejanos que los de la -genial- film de Jennifer Kent. Las etiquetas que lleva al cuello son los del cine de fantasmas (aquí, el Djinn), del cuento gótico de terror (aquí, sus apariciones), de la casa encantada (aquí, Teherán).

La mirada de su director, atada a estos referentes, convierten lo que sería una pretenciosa historia para estudiantes de humanidades en una estupenda pieza de género. Las apariciones de las criaturas dan miedo, vienen cargadas en escenas cargadas de tensión y juegan con la inquietud como cualquier maestro del género haría en Los Angeles, California. La carga ideológica es fuerte y su peso no se puede ignorar, pero el drama es interesante, los personajes son humanos y la trama, genios malignos o no, es suficientemente sólida como para aguantarse a sí misma sobre sus propios hombros.

Obviamente la temática ideológica con una guerra de por medio y un país sangrante es, por definición, invasivo. Es una película donde el viento arrastra al monstruo, que de por sí ya da para recolocarse las gafas. La delicadeza de esta metáfora es deliciosa (abuf), donde el elemento natural del que se transmite la vida también es el que trae la muerte -venga, perroflautada: ¿por dónde se mueven los bombarderos?. Con toda seguridad las lecturas de Las tortugas también vuelan (Bahman Ghobadi, 2004) son tan válidas como las del monstruo que tiene boca por cara. Sólo que una noes es más accesible que la otra. Está, irónicamente, en nuestro “idioma” (el género).

Under The Shadow es una estupenda película de terror que retrata una situación personal en un entorno sociopolítico complejo en la que, además, se pasa miedo. Es un caso aislado de perfecta conjunción entre mensaje, personajes y elementos de género; una simple alegoría con una mirada fresca a arquetipos ya conocidos. El Djinn, monstruo poco visto en el cine, se convierte en otro caso reciente de horror árabe -si contamos a Anna Lily Ampour como la otra cara de la monedaa- que, esperemos, se convierta en otro elemento normalizador para unas voces de las que no estamos acostumbrados a escuchar historias. Al borde de la hoguera, todas las sombra son terroríficas, sin importar el idioma en el que estén contadas.

Lo mejor: lo bien cohesionada que está la temática, la trama y sus personajes.

Lo peor: confundir el ritmo pausado con lentitud en la historia.
 
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