CRÍTICA DE LA AUTOPSIA DE JANE DOE

Por Carlos Marín
 
El miedo a la muerte tiene la profundidad de un tebeo de la EC en The Autopsy of Jane Doe (André Øvredal, 2016), una joya que abandera la simplicidad del relato de terror simple, efectivo, mohoso como el muerto que se levanta de su tumba. Una sorpresiva pieza de cámara que pone en el ojo del huracán a sus responsables: primero al realizador noruego, que ya nos agradó con su Trollhunter (ídem, 2010), y después a los televisivos Ian B. Goldberg y Richard Naing, cuyo guión ya había llamado la atención quedando en el segundo puesto de la Blood List -lista anual dónde se agrupan los mejores guiones de terror no producidos-, en el pasado año 2013.

Su principal baza es la de la originalidad en la propuesta: la Jane Doe del título es un cadáver desconocido en plena escena del crimen, un misterio que deberá ser resuelto por dos forenses -padre e hijo- y en el que cada corte y cada órgano examinado revelará una pregunta más inquietante que la anterior. Una clara serie B protagonizada por dos actores consagrados debe mirarse dos veces con atención; Brian Cox y Emile Hirsch no aceptarían estar en un film que no les dé cancha para trabajar. Y el guión de Goldberg & Naing da esta oportunidad, porque en ellos enfoca este juego de Sherlock y Holmes con el que coquetea la historia poco antes de girar al horror más clásico.

Este microuniverso donde se mueve la película -hay quien pensará en la fabulosa A Dos Metros Bajo Tierra- es revelado con una capacidad del espacio que bebe del maestro John Carpenter, pero sin caer en la obviedad de citarlo. No es postmoderna, tiene cabeza y sobrepesa la historia a la forma. En el momento en que estos personajes quedan encerrados frente a una fuerza supuestamente sobrenatural -y hasta aquí voy a leer- las paredes verdosas, la estructura gótica del lugar vuelven al espacio uno de esos elementos clave que, recolocándose las gafas de crítico pureta, uno se atrevería a decir el tópico de "convierte el lugar en un personaje más".

Pero es injusto hablar de tópicos en un film que huye de las mecánicas del Blumhouse-horror house del que estamos ya empezando a sentirnos empachados. Una vuelta a los orígenes del terror primario, casi de monstruos, con misterios que dañan de verdad y con un enigma sin giro a último minuto; capas que se desvelan como si nosotros, espectadores acongojados por lo que se mueve en el rincón, fuéramos los forenses de una trama que cumple con las expectativas pactadas en su fantasmal inicio. Un juego de espejos que, insistiendo, cita a la EC o a los relatos de terror que uno se puede encontrar en cualquier antología de Stephen King.

Sin miedo a ser una película sencilla y con la alegría que da ver un puñado no solo de originalidad, si no de raíces de terror por encima de mensaje, The Autopsy of Jane Doe es una estupenda cinta de gritos, sobresaltos y sangrientos resultados capaz de satisfacer al hambriento espectador de género actual. Una película que ejemplifica el espíritu de adaptar el videoclub a nuestros tiempos y que no se avergüenza de ser lo que es. Sorprendentemente estupenda.

Lo mejor: ver una película de terror que apuesta por el relato y la originalidad.

Lo peor: que en caso de éxito siente cátedra por los motivos equivocados.
 
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