CINE · AULLIDOS
Crítica de La Seducción (2017)
The Beguiled
Crítica de La Seducción
La novela de 1966 de Thomas Cullinan, The Beguiled, ya fue llevada a la gran pantalla por el director Don Siegel en 1971. Clint Eastwood protagonizaba la cinta El Seductor, que nos hablaba sobre un soldado de la Unión herido que es llevado a una academia de chicas del sur en plena Guerra de Secesión de los Estados Unidos. Ahora, la guionista y directora Sofia Coppola vuelve a revisar esta historia en una personal y sensual adaptación que le valió el premio a la mejor directora en Cannes, convirtiéndola en la primera mujer en recibir ese premio desde que Yuliya Solntseva ganó por ‘Chronicle of Flaming Years’ en 1961.
En esta nueva versión, a medias entre un drama histórico y un cuento de hadas, Colin Farrell sustituye a Eastwood dando vida al cabo John McBurney, que es encontrado herido en los bosques de Virginia por la colegiala Amy (Oona Laurence) y llevado a la mansión del Seminario de Miss Martha Farnsworth para Jóvenes Señoritas. El soldado herido despierta la curiosidad y hace que florezca la sexualidad yacente entre las damas, interrumpiendo su circunspecta ronda de lecciones de francés, oraciones y prácticas musicales. Bajo el disfraz de cristiana caritativa, la arrogante señorita Martha (Nicole Kidman) atiende las heridas de McBurney mientras sus compañeras compiten por sus afectos pero, como bien dicen en la cinta, "no hay nada más peligroso que una mujer asustada con un arma".
Al igual que en Las Vírgenes Suicidas, estas jóvenes comparten un ambiente enclaustrado que se ha convertido en su mundo entero pero, ¿es McBurney un prisionero o un invitado? ¿Es una amenaza para sus anfitrionas o es al revés? ¿Quién está engañando o seduciendo a quién? Coppola aborda estos asuntos con una gran intensidad atmosférica. El decoro se observa en la casa mientras los corsés se aprietan, pero bajo la superficie todo tipo de emociones fuertes están latentes. Incluso a mediodía el lugar tiene un sombrío aspecto que da sensación constante de crepúsculo, destacando una brillante dirección de fotografía de la mano de Philippe Le Sourd.
Con claras evocaciones a Picnic en Hanging Rock, cabe destacar a Nicole Kidman con una actuación segura, finamente matizada y deliciosamente sutil, cosa que le permite cambiar toda una escena con el simple arqueo de una ceja o una separación microscópica de sus labios. Farrell, por su parte, sabe llevar bastante bien los cambios de humor de McBurney, que pasa de la tranquilidad a la cólera con bastante facilidad, mientras que Elle Fanning nos regala su energía indomable como la coqueta y descarada Alicia. Pero seguramente estemos ante una de las mejores actuaciones de Kirsten Dunst>, asidua en las películas de Coppola, cuya interpretación suave y desgarradora mantiene la película atada a la realidad en todo momento.
Sin embargo, se trata de un logro grupal ya que algunas de las mejores escenas de la película son con todas las mujeres en su conjunto: sus oraciones antes de acostarse, los recitales musicales o sus comidas a la luz de las velas. En sus vestidos de suaves multicolores, diseñados por Stacey Battat, las mujeres hacen las veces de diferentes sabores en un mostrador de helados, y Farrell es el muchacho que debe escoger sabor. Una cinta con un ambiente demasiado gentil para ser gótico pero lleno de desorden, lujuria y violencia.
Lo mejor: el reparto.
Lo peor: parece que no termina de explotar.