CINE · AULLIDOS
Crítica de The Innocents (2021)
The Innocents
Crítica de The Innocents
La compleja comunicación entre niños (y adultos) es uno de los pilares de The Innocents (Eskil Vogt, 2021) , una genial aproximación hiper-realista a las películas de infantes malditos. Rodada con ese pulso y ese fuego lento con los que los escandinavos parecen nacer, esta luminosa -en fotografía, pasa casi en totalidad de día- cinta noruega es, como la infancia, un lugar repleto de alegría, crueldad y descubrimiento. Una mirada limpia a un grupo de niños que trata la “inocencia” como la han tratado, por ejemplo, cineastas de la talla de Guillermo del Toro: un momento de la vida en la que el ser humano es una hoja en blanco y en la que comienza a decidir, sin querer, el tipo de persona que será el resto de su vida.
La película se ambienta en los suburbios de Oslo, en pleno verano. Todas las familias se han ido de vacaciones menos unas pocas, entre las que se encuentra la de Ida. Obligada a jugar con su hermana Anna -que padece un elevado grado de autismo-, la niña comenzará a juntarse en el parque con los pocos niños que quedan en el lugar. Es precisamente de esa unión donde comenzarán a desarrollar una serie de poderes, desde el movimiento de objetos con la mente a la telepatía entre ellos y la joven autista. Poco a poco sus naturalezas emergerán, poniendo en marcha una trama donde la psicopatía de alguno y la luz de otros se enfrentarán cual buen batalla entre el bien y el mal.
Contada con acierto a través de los ojos de la única niña sin poderes, la película es un tratado sobre la elección que se produce en el marco de esa precisa inocencia. Su entrada es la de una niña problemática, con una rabia interior acumulada, que se polariza cuando se “junta” con el niño más (perdón) cabrón del año cinematográfico. Una crueldad representada con una extraordinaria naturalidad, de menos a más, haciendo de un viaje que podría parecer exagerado una escalada de sucesos dolorosamente comprensible. Curioso que el momento en que la película da un salto importante en ese aspecto parezca un guiño directo al remake de ‘El pueblo de los malditos’ que dirigió Carpenter en los 90, con una olla hirviendo y una madre en una composición demasiado parecido como para ser casualidad.
La comunicación es otro de los pilares temáticos de la película. La hermana autista que resulta ser el personaje más abierto telepáticamente, el abismo entre padres e hijos (todas las familias de la película tienen el mismo problema, sea más o menos acentuado) o los geniales momentos de comunicación no-verbal entre los niños son ejemplos de la importancia del tema para su realizador. El mimo con el que trata los juegos de descubrimiento es también el de entender como se hablan los niños; rápidamente, sin juicios previos, probando y aceptando hasta lo más sobrenatural. Unas reglas que, sin darnos cuenta, construyen el entramado de una segunda mitad en la que el juego desaparece.
Dirigida con férreo y gélido pulso noruego, ‘The Innocents’ es una excelente película fantástica y un fantástico viaje a la pureza infantil. Una pureza cruel y despiadada, pero también esperanzadora. Un folio en blanco con el que pintar una vida y que a través del lenguaje -verbal, no verbal, telepático- aísla o une a sus personajes. Dos horas que se sienten como tal pero que valen todos y cada uno de sus minutos. En definitiva y sin duda una de las mejores películas de género del año.
Por Carlos J.Marín