CRÍTICA DE MANIAC

Por Carlos Marín
 
Hacer un remake cualquiera no hubiera valido para contentar a un público fan que, al menos el entorno más geek, recuerda la Maniac de William Lustig como un título clave de la historia del slasher. Pero vete aquí que llegan Alexandre Ajà y Frank Khalfoun, uno produciendo y otro dirigiendo, y se sacan de la manga un tremendo ejercicio gore de autor, una introspección en primerísima persona de la mente de un asesino maníaco que no escatima en brutalidad, perfección técnica y falta de escrúpulos.

Aludiendo a un formato arriesgadísimo y atados a la interpretación de un monumental Elijah Wood, la película atrapa desde el primer momento en que el asesino actúa y el título del film se imprenta en la pantalla. No aburre, no cansa, pero no deja de ser una apuesta independiente que en las manos equivocadas podría haber caído por cualquier barranco. Pero aquí no, el conjunto es sólido, potente, y la crudeza de sus imágenes no hacen más que elevar la calidad de un título que no solo hace honor al original, sino que crea un sello propio fuera de cualquier remake estándar que hayáis visto.

Se podría alinear perfectamente con las relaciones original-remake de Las colinas tienen ojos o Piraña 3D, películas con la misma base pero totalmente diferentes en medios, intenciones y resultados. El trabajo de Khalfoun es brutal, llegando a su cima en los momentos reservados a los asesinatos, retorcidas pequeñas piezas de arte. Wood inquieta con una mirada, y la estrecha linea que separa la empatía de la repulsión no podía estar más disfusa. En este trabajo hay mucha pasión por cada una de las partes indicadas, y eso el público lo nota.

El aire en el que se mueve está entre el postmodernismo y lo ochentero, un punto medio que, salvando las distancias temáticas, es capaz de recordar al trabajo de Windeng-Refn en Drive. La BSO es descomunal, sintetizadores y graves que ayudan a entrar en ese submundo que es la mente de su protagonista. Quizás las intenciones de explicar por qué es así se escenifiquen en exceso (sexo más trío más droga más voyeurismo), pero no ocupan demasiado tiempo como para resultar molesto. Las razones de su protagonistas se ven claras durante el metraje, seguramente no hubiera hecho falta el subrayado.

Rozando el excelente, esta Maniac debería convertirse en un título imprescindible para el seguidor del género que se precie, una cinta que traspasa el más allá del slasher para convertir en arte y ensayo el proceso de arranque de cabelleras. Ojo a los detalles como las salidas de punto de vista o el tremendo homenaje a la original. Aquí, pardiez, hay amor, mucho amor. Por la sangre y por el descuartizamiento, sí, pero AMOR con cada una de sus letras. Enfermiza como pocas, recomendadísima hasta el final.

Lo mejor: el punto de vista, su rumbo técnico, su gore y a un inmenso Elijah Wood.

Lo peor: el subrayado de la obsesión del protagonista.
 
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