CINE · AULLIDOS
Crítica de John Muere al Final (2012)
John Dies at the End
Crítica de John Muere al Final
El triple salto mortal de Don Coscarelli, autor de terror consagrado para el público más fan, con su John dies at the end es difícil, muy difícil. Casi mortal. Jugar con la cult-movie a propósito para hacerse otro hueco en el corazón geek es un arma de doble filo, y aquí el buen affair de Coscarelli y, sobretodo, su gran sentido del humor hace que lo que en manos de otro sería una tomadura de pelo se transforma en un título divertidísimo, bizarro y extremadamente surrealista.
Es algo así como coger a los muchachos de Colega donde está mi coche y mezclarlos con el universo de Donnie Darko, lleno de LCD. Bomba atómica argumental, la película salta adelante y atrás en el tiempo y en los subgéneros, siendo a ratos ciencia-ficción, a ratos terror lovecraftiano y a otros una surrealista cinta de fantasmas. Lo es todo y más, una macroestructura friki que gracias a su poca seriedad engancha, y mucho, al público al que va dirigida.
No es plato para todos los gustos, tanto por su escasez de medios (¡CROMAAAAS!) como por todos y cada uno de los sacrificios que tiene que hacer el espectador al ponerse frente a ella. Es un conejito inquieto, y en ese sentido comparte muchas similitudes con la genial Detention. Que nadie se espere al hombre alto (bueno, el actor sí hace un cameo) ni a algo rematadamente serio; su director siempre se ha caracterizado por no tomarse en serio a sí mismo y por hacer disfrutar al patio de butacas, sea como sea. No es serio, ni quiere serlo, y nosotros que nos alegramos.
Si los 5 primeros e histéricos minutos no son capaces de atraparte, no lo serán los 85 restantes. Es muy única, y en un aspecto muy criticable, demasiado película de culto. No vale buscarlo, el culto lo dan los fans, no su director. Pero bueno, se lo perdonamos porque un perro conduce un coche y sale un monstruo hecho de comida. Imaginaos a vuestros colegas una noche de fiesta inventando historias a la cual más surrealista: muy bien, pues sería la versión seria de John Dies at the end.
Concebida como una gran broma desde su título, esta especie de comedia surrealista sobrenatural (y más cosas) es capaz de hacerse un hueco en el imaginario del género, una fiesta a ver con amigos y con muy, muy pocas ganas de tomársela en serio. La premisa es sencilla: disfruta del viaje, ríete lo que puedas y entra en la reinvención del género tantas veces como sea posible. Esta es una montaña rusa, pero no de las que te dejan el corazón encogido, sino de las que entre risas quieres volver a entrar.
Y a mí eso me vale.
Lo mejor: su sentido surrealista del humor. El teléfono salchicha y el pomo-tuyasabesqué.
Lo peor: dispara hacia tantos lados que marea.