CRÍTICA DE INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE

Por Manuel Mañero
 
Hay algo todavía peor que el paso del tiempo para las secuelas envejecidas: que las devore la frivolidad. ‘Independence Day: Contraataque’ además engrosa por méritos propios la lista de continuaciones que más que extensiones de la historia original parecen homenajes en vida a sus protagonistas, por no hablar del aroma a parody film que arroja desde el minuto uno: todo en la iconografía es excesivo, las muestras gratuitas de patriotismo heroico superan todos los niveles conocidos hasta la fecha y, lo que es peor, el compás lo llevan más los continuos tics humorísticos –muchos de ellos desubicados- que el tac de la trama en sí, la cual, aunque manoseada, encaja en el contexto, pero que se pierde igualmente y con amargor entre lo arquetípico de todos sus caracteres y situaciones, la mayoría de ellas forzadas y antinaturales.

Paradójicamente, dentro del exceso general que rodea a la película, el aspecto visual de la cinta se mantiene en márgenes correctos: no desborda y además distrae en secuencias concretas de lo inverosímil, hueco y caduco de sus diálogos. Los primeros minutos cubren el apartado documental tan reconocible en las ideas catastrofistas de Roland Emmerich a un ritmo algo relajado, pero más constante que todo el despropósito que desencadena la acción y que ya no suelta al trabajo hasta los créditos finales. Tan poco disimulada es la apuesta definitiva genérica por los efectos digitales que en cuanto ya tenemos presentados a todos los protagonistas, decae de golpe cualquier interés que pudieran desempeñar por separado. Así, apenas Jeff Goldblum cumple en su reconocible rol de científico en el que la cinta no ahonda, dejando a medio atender uno de los potenciales atractivos respecto de la entrega de 1996. Ni Liam Hemsworth ni los casi anecdóticos Charlotte Gainsbourg o Jessie Usher hacen mucho más por elevar el nivel.

De aquel primer trabajo repiten más nombres, todos ellos intrascendentes en la secuela, quizá con la excepción de un Bill Pullman a quien ya costaba tomarse en serio entonces y a quien en esta ocasión directamente han despeñado, pero que sí logra, a su manera, establecer un nexo más concreto con la anterior vez que los Estados Unidos salvaron al mundo. Todo el aparato visual entregado a la producción de la película es en definitiva un truco de magia para apartar la vista de su planicie, desaprovechada de forma imperdonable: incluso a ratos pareciera que los propios actores se saltaran sus líneas de guión para justificar entre dientes lo que ocurre a una velocidad que el espectador ni asume ni cree, todo esto, se entiende, dentro del amplio marco de la ciencia-ficción a la que tan poco se le exige últimamente en la industria y que en este caso concreto ni siquiera cumple el objetivo principal: entretener.

Lo mejor: las escenas de acción y los guiños a la primera película

Lo peor: cero carisma en los personajes llamados a liderar el relato, superficialidad de bandera y el abuso de diálogos absurdos que nadie tendría en situaciones límite
 
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