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CINE · AULLIDOS

Crítica de Mad Max: Furia en la Carretera (2015)

Mad Max: Fury Road

Crítica de Mad Max: Furia en la Carretera

“No necesitamos otro héroe” cantaba Tina Turner en los créditos finales de “Mad Max: Más allá de la cúpula del trueno” hace 30 años. Ahora había que reprocharla que cantará aquello, pues el loco Max ha vuelto con más fuerza que nunca, y dispuesto a quedarse en “Mad Max: Furia en la carretera”, una nueva aventura que es mezcla de reboot con algo de remake de la que fue la segunda entrega, “Mad Max: El guerrero de la carretera”. Retoma el papel de Mel Gibson (Arma letal), el últimamente solicitado para todo Tom Hardy (El caballero oscuro: La leyenda renace), quien esta perfectamente escudado por Charlize Theron (Prometheus).

Mad Max vaga por un futuro apocalíptico atormentado por sus pesadillas. Es capturado por una banda de maniacos que lo usan para sacarle la sangre. Esta banda de maniacos esta liderada por Immortan Joe, un ser muy bizarro, que tiene a Imperator Furiosa entre sus filas y a la cual es la encargada de conseguir gasolina con su potente camión cisterna tuneado (todo esto narrado en un magnífico prólogo de cinco minutos). Tras este arranque comienza la acción que solo se detiene por breves escenas tranquilas para avanzar desvelar alguna cosa más del argumento. Como comentábamos antes, es una aventura nueva, donde los fans de la cintas clásicas se lo van a pasar pirata y los que se incorporan ahora a la saga no necesitan saber nada de las anteriores y se quedarán con ganas de más. “Mad Max: Furia en la carretera” está planeada como el origen de una saga. No es que la historia quede abierta, sino que plantea un universo riquísimo para seguir explotando. De Max Mad, algo se deja intuir de su pasado en sus pesadillas, pero de Imperator Furiosa, queremos saber mucho más. Apuntar que aunque la película se llame “Mad Max: Furia en la carretera”, la verdadera protagonista de la cinta es ella.

Cualquiera diría que el papa de “Mad Max: Furia en la carretera”, George Miller tiene 70 años. El australiano dirige con un ritmo y de una manera tan trepidante en el que tienen que fijarse los directores jovenzuelos. Desde el primer minuto no da tregua al espectador con unas imágenes que ya tienen ritmo propio dentro del plano, algo que pocos directores (Scorsese es otro de ellos) saben manejar tan bien. La película es una persecución constante sólo interrumpida por breves escenas explicativas. Cada secuencia de acción es un aplauso constante. La primera con Mad Max colgado cual insignia del coche en el capó va a ser un clásico al igual que la persecución con las motos que van saltando de montículo en montículo. Todo esto sin olvidarnos a Immortan Joe con un todo terreno de ruedas enormes haciendo de las suyas. Estas tres secuencias tiene su causa y efecto, es decir, Max dispara a un motorista (causa) y vemos como este recibe el disparo y cae (efecto), algo de lo que pocos directores se preocupan en secuencias de grandes masas. Eso sí, la cinta carece de la sangre que si tenían las dos primeras cintas (y es que ahora los tiempos han cambiado). También hay un par de guiños a los fans de la saga (atentos una mano atada a una cadena y una recortada por ahí en medio).

El sonido de “Mad Max: Furia en la carretera” es un pasada. Algunos momentos están creados para sacarnos de nuestras casillas y sentirnos como el propio Max. Ayuda mucho a esto que el compositor Junkie XL (Una noche para sobrevivir) haya mezclado/usado temas clásicos en su propia composición. "Symphony No.3 Passacaglia - Allegro Moderato" de Krzysztof Penderecki (que ya escuchamos en “Shutter island”), nunca ha hecho retumbar tanto una butaca.

Respecto al reparto, no podemos poner objeciones a Tom Hardy (aunque es cierto que echamos de menos a Mel Gibson en algunos momentos). Quien está inconmensuarable es Charlize Theron, la verdadera roba escenas de toda la película.

En resumen, nadie pensaría que el responsable de “Mad Max: Furia en la carretera” es el mismo de “Babe, el cerdito valiente” o “Happy Feet”. Miller ha dado rienda suelta a su propia locura y nos contagia hasta el punto de salir de la sala reclamando mucho más. Y ojo que las 3D también le funcionan de maravilla. Sólo falta el olor a gasolina para hacerla más real.

Lo mejor: La dirección de Miller, la ambientación, los personajes, la música, el sonido…

Lo peor: Falta sangre, que no violencia.