CRÍTICA DE ZOMBIELAND MATA Y REMATA

Por Jorge Loser
 
En el resurgir del género zombie de los años 2000, la primera Zombieland llegó no como un soplo de aire fresco sino como un síntoma de que la cultura creada por George A. Romero había traspasado la barrera de lo “casposo”, de los aficionados de camisetas negras regrabando vhs guarros y el contrabando de películas gore en dónde había vivido durante tanto tiempo para llegar a los multicines, con parejas de permiso gracias a una niñera pagada por horas haciendo su plan de cena en italiano de franquicia y sesión de terror en el centro comercial de turno. Tras el impacto de The Walking Dead es muy difícil imaginar qué panorama de muertos vivientes se había vivido hasta el momento. Por ello, la película de Ruben Fleischer tuvo más importancia de la que se le suele atribuir, especialmente por el taquillazo que supuso.

Desde luego, hay comedias de zombies mejores y más importantes en perspectiva, pero la realidad es que Shaun of the Dead (de acuerdo, Zombies Party) se estrenó de forma limitada en muchos países y ha tenido otro tipo de recorrido más de boca a oreja. Los ingredientes de éxito de Zombieland fueron por una parte su escala y tratamiento de gran presupuesto del postapocalisis de muertos vivientes—algo que hemos superado tras la serie de Robert Kirkman—, el gore sin tapujos y un sentido del humor interno y muy particular que bebe principalmente de la química de su reparto. Sigue teniendo gracia, sigue funcionando y está llena de hallazgos metareferenciales que hacen de su universo un lugar agradable para volver.

Por ello un regreso al mismo, diez años después, no era del todo una mala idea, aunque tras una carrera tan poco espectacular como la de Fleischer en este tiempo, la duda es si recuperaría parte del mojo perdido. Desafortunadamente, en el aspecto de realización la película pierde algunos enteros y, pese a tener el doble de presupuesto, la fotografía y puesta en escena parece más barata, con menos mimo. Incluso los efectos especiales parecen más digitalizados frente a una vocación de efectos prácticos que hacían de la anterior algo más cercano a la autenticidad del cine de terror. En esta ocasión se ha elegido la vía rápida, lo importante es la comedia y pagar a unos actores que han medrado en este tiempo hasta ganar Óscars como Emma Stone, que parece estar para cobrar el cheque y poner cara de circunstancia.

El único que parece pasárselo en grande con esta nueva oportunidad es Woody Harrelson, que convierte momentos de comedia pasables en pura complicidad con el espectador. Posiblemente, el mayor problema de Zombieland: mata y remata es que la cantidad de gags con éxito sobre los que producen incomodidad tiene un porcentaje disminuido y la cosa se pone preocupante cuando se intenta ridiculizar al estereotipo de pija white trash con un personaje que solo funciona a ratos. Lo mismo puede decirse de la inclusión de referencias a la cultura pop, como Terminator 2, que son un poco vagas, como puestas por obligación, como las diferentes mofas a costa de las reglas, que mientras en la original aparecían en momentos puntuales, en la secuela son un recurso constante, casi desesperado, se diría. Mejor no comentar el gag de los “gemelos” sacado directamente de Shaun of the Dead. Ejem.

Sin embargo, aunque muchos de los choques de puño al espectador quedan en el aire, el amor por el grupo de personajes acaba aflorando en escenas de puro absurdo y hay mucha voluntad de entretener a base de gags gore abundantes y nada timoratos, por mucho que la sangre CGI lleve todo al terreno de videojuego. Ver a Harrelson cabreado por sus armas, a Rosario Dawson atropellando zombies con un monster truck o la moza de La La Land despachando cargadores tiene encanto, claro. Si a ello sumamos un opening de Columbia Pictures memorable, unos créditos con Master of Puppets de Metallica —en respuesta al épico From Whom the Bell Tolls de la primera— y dos secuencias de créditos que te harán olvidar Los muertos no mueren, tenemos un agradable nuevo episodio de la sitcom que Tallahassee, Columbus, Wichita y Little Rock protagonizan una vez cada década, ideal para ver en programa doble con la deliciosa Little Monsters.

Lo mejor: no se corta un pelo con el gore

Lo peor: a veces la falta de gracia crea silencios de carcajada incómodos. Se nota que está hecha con prisas y menos cuidado que la anterior.

Por Jorge Loser.
 
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