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Crítica de Godzilla (2014)
Godzilla
Crítica de Godzilla
Coincidiendo con el 60º aniversario de su nacimiento llega a nuestras pantallas una nueva versión de “Godzilla”, que en España conocimos con el titulo de “Japón bajo el terror del monstruo”, y que en esta ocasión ha dirigido Gareth Edwards (Monsters). “Godzilla (2014)” tiene cierto aire a las películas de catástrofes de los años setenta respetando el universo que la productora Toho creó en 1954, y es que no sólo homenajea a la primera cintas de la saga, sino que va un poco más allá.
La cinta arranca en 1999 cuando unos científicos descubren que una criatura está emergiendo. La resurrección de esta criatura conlleva una catástrofe en un central nuclear en Japón, que marca el destino de una familia para siempre. Quince años después del suceso, el cabeza de familia sigue intentado averiguar la verdad sobre la catástrofe mientras que su hijo se ha convertido en padre, marido, y militar. Padre e hijo descubrirán un secreto que tiene intención de arrasar La Tierra siguiendo el canon del ciclo de la vida.
Esta sinopsis ha quedado bastante poética, pero tenía que escribirse así para no revelar ninguna sorpresa del argumento. Hay muchos elementos de la saga original que tampoco revelaremos para no destripar sorpresas. Sólo apuntaremos que los fans del lagarto gigante lo van a disfrutar (y mucho). Aunque el guión tiene el problema de mil y una reescrituras y que algunos elementos y tramas recuerdan a cintas muy cercanas como “Lo imposible” (padre buscando a su familia en medio de una catástrofe), la película funciona como producto de entretenimiento.
Para su segunda película, Gareth Edwards ha seguido el esquema de su ópera prima de sugerir más que mostrar (al menos hasta su tramo final). Al principio seguiremos las andanzas de Godzilla por partes, más adelante a través de televisiones y monitores de seguridad e, incluso, hay algún momento que nos deja con la miel en los labios cuando creemos que vamos a verle en todo su esplendor.
Eso sí, el final de la película es un auténtico festín de lagarto gigante haciendo de las suyas en la ciudad de San Francisco. En ese aspecto “Godzilla (2014)” recuerda mucho a “Tiburón”. También tiene momentos que recuerdan a “Parque Jurásico” como ese plano del helicóptero llegando a Filipinas, o el cenital de los militares entrando en la jungla. ¿Pero qué director de la generación de Edwards no ha crecido viendo las películas del rey Midas de Hollywood?
Otro punto interesante es la partitura de Alexandre Desplat (Argo). El francés ha tocado todos los palos en esta película: el prólogo tiene momentos que recuerdan a Bernard Herrmann, más adelante hay momentos de aventuras que recuerdan a John Williams y para rematar tiene la secuencia de los paracaidistas con unos coros de ultratumba que ponen los pelos como escarpias. Una de las partituras más completas de este año.
El reparto funciona pero está tan eclipsado por el ritmo y por el traslado de la acción de un lugar a otro que no destaca ninguno sobre el resto. Aaron Taylor-Johnson (Kick ass) y Elizabeth Olsen (Luces rojas) tienen buena química juntos aunque sólo se aprecie unos pocos minutos. Como viene siendo habitual, Bryan Cranston (Breaking Bad) esta impecable en su papel de padre afectado por la tragedia (el momento que ha de pulsar un botón es impagable).
En resumen, a pesar de arrancar como la versión de Roland Emmerich de 1998, es decir, con imágenes de archivo de lo que sucedió con las pruebas nucleares del Pacifico Sur, “Godzilla (2014)” no tiene nada que ver con aquella. Gareth Edwards ha dado una visión más seria y más adulta que el título de Emmerich y si funciona en taquilla (que lo hará) en breve tendremos una secuela.
Lo mejor: El pulso que Edwards le ha impregnado a la cinta.
Lo peor: Ciertos puntos negros del guión.