CINE · AULLIDOS
Crítica de REC 4 (2014)
[REC] Apocalypse
Crítica de REC 4
Como acercarte a una saga mutante como es REC sin utilizar referentes. Es difícil. Quizás cuando abrimos la puerta de REC 4, el último capítulo (hasta ahora) de la serie, podemos abrir el diccionario por las páginas de survival, de las pelis de monstruos, del terror italiano o incluso de la ciencia-ficción más laberíntica. Porque esos pasajeros encerrados en un cuerpo de tubos metálicos, acompañando a personajes desconcertados y sabiendo que no hay salida más que el mar - el vacío - apuntan directamente a un tipo de terror en el espacio donde sí, gritar no te va a servir de nada.
Jaume Balagueró coge las riendas del caballo, arrincona el humor a un personaje secundario y saca el bicho salvaje que lleva dentro. Porque REC 4 es, ante todo, la peli más burra de la saga. Burra en tono, en contenido y en pulso. La cámara en mano se fue para no volver, pero es sustituida por una foto en continuo movimiento, siempre al hombro, siempre inquieto. Otra vez, un nuevo capítulo significa un nuevo desafío a las bases, esta vez en forma de una acción desenfrenada rodada a base de acercarse al máximo a sus personajes, temblar buscando cada golpe y bocado.
A ver, es una peli de REC. A saber: personajes encerrados sin posibilidad de escapar, una infección que se extiende como una mecha y una heroína capaz de merendarse la función. Manuela Velasco se come la peli. Se la come. Y juega en contra de unos compañeros que no pueden competir con su nivel de energía y mala baba; cada vez que la trama se desvía y va a parar en sus “otros” protagonistas, lo notamos. Notamos una falta de Ángela Vidal que, como un gesto redentor por su vuelta en esta entrega, gana paso a paso y minuto a minuto su puesto de honor como portadora de las riendas (o el moteo de lancha) de la película.
Resulta muy, muy estimulante ver qué hace uno con los infectados. Porque, primero, mete un guiño (que vete a saber si intencionado) al Braindead de Peter Jackson. Y segundo, porque al haber pasado por diversas fases, de zombi a infectado, de infectado a poseído, la consecuencia lógica y orgánica que le dan sus responsables a la “criatura” es la de un monstruo que dejó lejos su humanidad. Ratas mutantes, dientes afilados; abandonamos el peligro de contagia y nos disponemos a abrazar el pánico por ser comidos. Y ya. Visceral.
Ahí está la ciencia-ficción. O el terror en el espacio. Pero en el mar. No sé, puede ser difícil de explicar sin, de nuevo, referentes. Jugar con unas reglas preestablecidas pero siempre, en toda ocasión, internar innovar. Ese es el peso de REC 4, el peso de, seguramente, la entrega más comercial de la saga. Una que no ha venido a complacerte a ti, fan; ha venido a poner nervioso al público, a contar una historia de supervivencia salvaje y, ante todo, a marcar con fuego una regla no escrita: siempre que nos encontremos con un capítulo más, nos encontraremos con un capítulo diferente. Con un par.
Lo mejor: Manuela Velasco y el tono de salvaje que acompaña toda la película.
Lo peor: Como se diluye el peso protagonista en secundarios.