CINE · AULLIDOS
Crítica de Hatchet 3 (2013)
Hatchet 3
Crítica de Hatchet 3
El relevo de Adam Green en la silla de dirección hizo que muchos se mordieran las uñas hasta los nudillos. Vale que la saga “Hatchet” no sea un hito comercial (aquí en España ni siquiera se dignaron a distribuirla aún), pero eso no evita que tenga una legión de fans a sus espaldas. Las dos primeras entregas catapultaron a Victor Crowley al olimpo de los psychokillers cinematográficos; muchos lo consideran un icono de nueva generación, a la altura de Jason Voorhees o Michael Myers, razón de que el miedo a cagarla por el cambio de manos fuese en cierto modo justificado.
Podemos respirar tranquilos, Green ha dejado a su criatura a buen recaudo, tanto que apenas se nota el cambiazo, salvo a mejor. “Hatchet 3” es una continuación directa, cosa que ya tiene cierto mérito, después del finiquito radical y aparentemente irreversible con el que despacharon al bueno de Crowley, que gracias a la magia del cine, o a la magia, a secas, vuelve a la carga.
En esta ocasión, la sempiterna heroína Marybeth ha conseguido por fin despedirse de su pesadilla, el implacable asesino Victor Crowley, con un definitivo escopetazo a bocajarro en su cabeza. El problema es que Crowley siempre ha sido una leyenda urbana local, y al presentarse embadurnada de sangre en la comisaría, no sólo la toman por loca, sino por la responsable de la masacre en el pantano de Honey Island, y es encarcelada injustamente. Brutales asesinatos posteriores hacen que el Sheriff Fowler termine comiéndose sus acusaciones con patatas.
BJ MacDowell, director debutante, pero con una dilatadísima experiencia como camarógrafo en películas y series notables como “The Walking Dead”, la saga “The Collector”, “Lords of Salem”, “Jonah Hex”, “Star Trek: En la Oscuridad” o las dos de “Hatchet”, toma el material prestado y lo propaga con pasmosa fidelidad, sacrificando su personalidad en pos de la heredada, un detalle que le honra y se agradece, a sabiendas de lo tentador (y peligroso) que puede ser meter la zarpa cuando se trabaja sobre plantilla.
Con tres entregas homogéneas, la saga “Hatchet” se afianza como una de las más serias e interesantes a tener en cuenta dentro del Slasher moderno. MacDowell saca punta a la habilidosa combinación de gore, humor negro y ocultismo de las anteriores, llevándola a cotas más altas, y redoblando los esfuerzos de Adam Green, que en esta ocasión sólo se ha aplicado como guionista. Un guion que si bien no es para tirar cohetes, cumple con las expectativas: más sangre, más muertes truculentas y más acción.
Danielle Harris (“Halloween 4”, “Blood Night”, “Laid to Rest 2”) sigue demostrando que haber sustituido a Tamara Feldman en el papel de Marybeth fue todo un acierto; la carismática actriz pone toda la carne en el asador (y delante de cámara) para ser la perfecta “final girl”, y es por descontado un plus para atraer a decenas de aficionados. La misma cantinela puede aplicarse a viejas glorias como Caroline Williams (“La Matanza de Texas 3”, “Leprechaun 3”), o al cameo de Sid Haig (“La galaxia del terror”, “Las casa de los 1000 cadáveres”), que sustituye a Tony Todd en su rol de secundario de lujo. Y por encima de todos, pese a estar oculto en 20 kilos de maquillaje y prótesis, el incombustible Kane Hodder, siempre presto a meterse en la piel de infames asesinos en serie, que encarna por tercera vez al deforme, gutural y asilvestrado Victor Crowley. Ojito a la paliza que le mete Hodder a Dereck Mears, “Jason Old-School” VS “Jason Remake”, que cada cual lo interprete como quiera.
A “Hatchet” aún le falta madera para medirse con “Viernes 13” en popularidad y trascendencia, pero da gusto comprobar que, mientras la saga de Jason fue víctima de una repulsiva censura progresiva, llegando al punto de esconder la mayor parte de los asesinatos fuera de plano, la de Victor Crowley va creciendo en gore explícito y salvajadas, dejando un rastro de cabezas reventadas, aplastadas y rebanadas en distintos ángulos, desmembramientos, destripamientos, machetazos y por supuesto, hachazos. Una saga muy a tener en cuenta, como decía al principio, con una tercera parte sobresaliente.