CRÍTICA DE MR. RIGHT

Por Carlos Marín
 
Mr. Right arranca con un inusual acercamiento a su protagonista femenina, la Anna Kendrick que nos gusta -jovial, viva, alternativa y agresiva- para pasar con todo contraste al Señor Correcto que da título al film. Sam Rockwell, que en pocos segundos y un par de pases de baile se hace con el público, lidera el otro 50% de una macarrada hiperviolenta que se mueve entre el musical, la película de acción y la rom-com de la generación millenial.

El sevillano Paco Cabezas vuelca los principios de energía que impregnaban la -oscura- Carne de Neón en un pistoletazo de salida que conjuga, como uña y (glubs) carne con la ametralladora de diálogos que es Max Landis a las teclas. En el baile de salón entre las capas que la forman se encuentra una preciosa ejecución entre la acción y la comedia de situación, donde se esfuerza escena a escena a romper las barreras del conformismo o la lógica más allá de la propia comedia que le sirve de cemento.

Propone un juego de realidades alternativas, como el que haría una película musical, para llegar a sitios donde de otra manera sería imposible. El ambiente jovial, festivo continuo y la comunión con sus coreografías no son casuales; es capaz de citar a Fred Astaire mientras clava cuchillos en un parking nocturno de Nueva Orleans en una de sus escenas más hilarantes, por su sencillez, concepto y declaración de intenciones.

Tardan segundos en mirarse a cámara lenta y decidir que están enamorados estos Kendrick y Rockwell, dos partes de un triángulo formado por otro imposible, Tim Roth, que contrapesa con un personaje que no es tan némesis como uno pueda creer y que ayuda a reforzar uno de los grandes temas de la película: el amor no significa rechazar lo que eres más que encontrarte a uno mismo. Ellos, por supuesto, están relajados, conscientes de la fiesta a la que se han apuntado y su responsabilidad de anfitriones a la locura de trama que nos estamos subiendo.

La metáfora del baile como instrumento de la ultra-hiper-pongaleelnombrequequiera-violencia es inteligente, original, atrae a la pista de baile e invita en todo momento a su público a saltar a mover el esqueleto. El asalto al hotel es solo un aperitivo para un buen bailoteo entre tiros a la cabeza, cuchillazos al cuello y granadas de mano como running gag en un film de acción que no deja de ser modesto en su planteamiento, pero que tampoco descuida la comedia que respira entre sus poros y que la hace, en definitiva, sacar todos sus valores a la luz.

Cómoda con su público, Mr. Right es una de esas películas en las que saltan las palomitas y los aplausos entre amigos, con uno de los máximos honores a conseguir en este género: que la audiencia salga moviendo la cadera al ritmo de música machacona, silbidos de Ak-47 y charcos de sangre. Que nadie se acerque a este semi-musical buscando un placer culpable, porque será incapaz de sentirse mal tras tres pases de claqué en mitad de una matanza de mercenarios.

Lo mejor: su corazón de musical y el desparpajo con el que está escrita, dirigida e interpretada.

Lo peor: los límites de su trama y universo están muy lejos de lo acostumbrado.
 
CRÍTICAS RECIENTES