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CINE · AULLIDOS

Crítica de Open Grave (2014)

Open Grave

Crítica de Open Grave

Voy a intentar hablar de "Open Grave" sin desvelar nada de su argumento, más que la premisa inicial: un hombre se levanta en plena fosa común, rodeado de cadáveres. No recuerda nada. PUM. El resto, en serio, vale la pena encontrárselo en la sala de cine. No es un puzzle, ni tampoco un guión complejo; es una de esas chuches que dan gusto ir deshojando poco a poco, sobretodo porque ni requiere una atención milimétrica al detalle, ni te toma de tonto.

Sí, claro, el suspense y el misterio es lo que sustenta todo. Peeero, siempre hay algún elemento que descubrir, avanzar y resolver. No hay un efecto sorpresa, es raro de analizar, pero sí que un gusto en ver como poco a poco la película que te has montado en la cabeza está formandose ante tus ojos. Los personajes, la estética y la acción está tan bien medida y dirigida que no es que entre, es que se disfruta.

En ese sentido era algo que ya se le veía a "Gonzalo López Gallego" en su El Rey de la Montaña, con buen pulso para la tensión y la acción, sin perder de vista al espectador. Se convierte en un artesano de género que dispara, compone y se esfuerza por agradar. Respetar la platea, proteger un guión (interesante, original) para que no se lo coman, ni por predecible - tema a discutir - ni por tramposo. Ser un director que quiere contar una historia, al fin y al cabo, que de eso se trata.

Es una película que funciona a las mil maravillas, sin entrar en detalles o profundizar en ella. Entretiene tan bien, mantiene el suspense y el interés con tan buen gusto, que casi se le perdonan sus defectos. Que tiene, bastantes, como cualquier producto artesanal: desde la naturaleza de su segundo tramo hasta el personaje-función grapado en la frente de los protagonistas. No me preocupa, porque no me traba; lo que me importa de verdad es el conflicto en cada escena y como se resuelva en esta, la siguiente o la última escena de la función. Eso solo se consigue a base de pulso.

Sin las pretensiones típicas del autor, López-Gallego apunta con la escopeta (que repite) y acierta en diana para crear productos consumibles, disfrutables y perdurables en memoria. Acusarla de no revolucionaria o de falta de voz es faltarle el respeto a un trabajo artesanal, no diré Hitchoniano, pero sí de género y tempo que compite en las ligas grandes, aquellas que se lucha día a día hasta que llegue un guión que subir como la espuma. Yo me siento y espero a la próxima, porque el pelotazo es inminente.

Ah, y no he hablado más de la cuenta sobre la trama. Acordaos de esta reseña a la hora de disfrutarla. De nada.

Lo mejor: su originalidad respecto a los subgéneros, la estética y el respeto por entretener y respetar al espectador.

Lo peor: ciertos problemas de timing cara a la segunda mitad.