CRÍTICA DE GRABBERS

Por Carlos Marín
 
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Pongamos los ingredientes encima de la mesa, antes de cocinarlos: alienígenas del espacio, población pequeña, sentido del humor y estilo británico (VALE, irlandés). A simple vista, la receta de Grabbers puede dar, como mínimo, un buen rato de comedia gamberra de género con bicharracos viscosos y algo de crítica social. Pues bien, lo bueno y lo malo del film de Jon Wright es precisamente que da lo que promete. Quítenle, si quieren, el componente social y pongan un poco de comedia romántica. Ahí lo tienen, listo para servir, comer, disfrutar. Y olvidar.

Alguien escribía en algún lado que la película recuerda a Gremlins, pero es mucho más referencial a aquella mítica Temblores, por la multitud de secundarios, el humor por encima del terror y unas criaturas más viscerales que no diabólicas. El toque de originalidad viene por cierta revelación a mitad de su metraje, donde se descubre una de las claves para poder evitar ser devorados por los tentáculos alienígenas y que de seguro arrancará alguna carcajada en el momento de su revelación. Este punto precisamente regala un par de momentos derivados grandes, pero no se explota de manera excesiva. Las expectativas, caen, y afectan a la sensación final.

Para nada es una comedia en la que uno no se pueda reír. Se ríe, y mucho. Pero no cala, es momentánea y los chistes a menudo son incluso fáciles. Tiene sus momentos de humor negro y un pelín de gore, pero el juego que uno podría esperar de ella no viene en ningún momento. El concepto survival en el lugar donde más tiempo pasa la película (buscado con un sentido del humor muy autóctono) no tiene más repercusión que asentar a los personajes en una sola localización. El bodycount, maldita sea, es decepcionante.

Quizás una de las diferencias es en el pilar que toma como base, que es el de la comedia romántica o buddy-movie con amor. Es un buen punto de partida, y los personajes tienen química. La manera en que se van invirtiendo sus papeles también se veía venir, pero es un arquetipo necesario (que no obligatorio) para que el engranaje avance y la historia de amor (y de monstruos) funcione. Muy lineal, pero no por ello deja de ser funcional.

Aun así, Grabbers tiene muchas virtudes, las cuales consiguen completar un objetivo difícilmente alcanzable para otras comedias: ser entretenida, divertida y que se pase con rapidez. Joyas como Critters (entendedme) o la más reciente Attack the block no son fácilmente emulables, pero sí que se puede disfrutar de estos derivados de Little-monsters-movies en los que los pequeños atisbos de originalidad y el pasar un buen rato ayudan a entretener cualquier tarde aburrida. No esperéis otra película de culto, porque no la vais a encontrar.

Lo mejor: el diseño de los monstruos y el recurso para evitar ser devorados.

Lo peor: no pasa de ser entretenida.
 
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