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CINE · AULLIDOS

Crítica de Exeter (2014)

Backmask

Crítica de Exeter

El que bien conoce a Marcus Nispel lo hace por una de las dos siguientes razones: la primera, por ser capaz no solo de salir airoso sino de que dar una visión excitante de un clásico como La matanza de Texas o segundo, por salir de culo con una visión rancia y automática de Viernes 13.

Señor remake junto al también europeo Alexandre Ajà, el hombre no ha tenido oportunidad de acercarse a un material inexplorado hasta esta Exeter -o Backmasck, o Sanitarium, dependiendo la copia que os llegue-, en la que es con toda probabilidad el corte de mangas más descarado a las producciones Bay de nuevo milenio con la mala leche y la baba por bandera. Un ole tú de dimensiones chiquititas pero rodada con un despiporre y un saber hacer para la fiesta que barre con cualquiera de los defectos que se le pudieran achacar.

Casi más remake de Evil Dead que el propio remake de Evil Dead, esta película “maldita” -lleva años dando vueltas y congelada- presenta una variante del llamado con cariño “poseído chungo” al que tampoco le da muchas vueltas su origen ni interesa, con sintonías del metal de los últimos años y la chavalería hiper-rave que ya comienza a desaparecer. Si esta película oliera lo haría a alcohol, vómito y sexo insano.

No sé hasta qué punto es justo medirla con el rasero del resto de su obra, o si la comparación con su camada alrededor -el ya estable producto VOD- la hace menor dentro de la saturación. Lo que sí sé es que las pocas ganas de tomarse en serio a sí misma suman a cada escena más delirante que la anterior, a cada corte más sin sentido que el otro. Literalmente, la película no tiene ningún tipo de coherencia narrativa. Si alguien es capaz de explicar los giros, bases de su trama y motivaciones de los personajes que haga acto de presencia. Ni Nispel ni el pobre diablo encargado de montar semejante despiporre están por la labor.

En un continúo auto-guiño al American Gothic milenario se esconden cuidadosos plantings para hacer vivir a sus personajes más de la cuenta, curiosas variaciones del ritmo que hacen aún más placentera la fiesta a la que estamos invitados y que juegan un gran punto a favor cara a mostrarnos el body-count. Es amiga de arrancar el aplauso a una violencia desmedida, al chiste de caca culo pedo y pis y al espíritu más gamberro detrás del género.

Sean bienvenidos pues a esta rave particular de niños poseídos, cepillos de dientes en los ojos y personajes absurdos. Un golpe de volante de un director hastiado por ser el mindundi de una factoría de tópicos que explota en ataque de ansiedad para entregar uno de los productos más gamberros, divertidos y excitantes de la temporada. Quede esta firma como gran defensora del terror que no tiene por qué tomarse en serio a sí mismo ni aspirar a clásico de culto: simplemente, entren a pasárselo bien. Y apaguen el cerebro; éste se lo agradecerá.

Lo mejor: La propuesta descerebrada y cachonda que ofrece Nispel en contraste a otros terrores similares.

Lo peor: No tiene ningún tipo de sentido y puede llegar a molestar