CINE · AULLIDOS
Crítica de Battle of the Damned (2013)
Battle of the Damned
Crítica de Battle of the Damned
“Lo barato sale caro, pero sale”; quizá es lo que se dicen al espejo todos los cineastas amateur que se empeñan en emular blockbusters con presupuestos ridículos, pocos medios y menos aún experiencia. A menudo el entusiasmo se impone sobre el dinero, pero la buena fe no mueve montañas por sí sola, y cuatro duros exprimidos siguen siendo cuatro duros, por más que uno quiera maquillarlo con potajes temáticos, crossover frikis, saturación digital o contratando viejas glorias en oferta. Cuanto más grande es la ambición mayor es el cantazo, y “Battle of the Damned” es todo un recital.
En un futuro postapocalíptico, el Mayor Max Gatling (Dolph Lundgren) es contratado como mercenario para rescatar a la hija de un poderoso magnate. El planeta ha sido infectado con un virus que transforma a las personas en zombies, y Max debe ir nada menos que a la zona cero de la pandemia, un gueto donde se encuentra Jude junto a un pequeño grupo de supervivientes.
Christopher Hatton dirige, guioniza y produce este pastiche de robots, zombies y soldados, confiando ciegamente en supuestas virtudes que a la postre se revelan como sus mayores defectos; por un lado, el abuso de secuencias de acción arruina el ritmo, y por otro, el abuso de efectos digitales arruina la creatividad (ya de por sí mermada de inspiración y talento). Que en el fondo no da más de lo que ofrece, y la sinceridad le honra, pero no es suficiente para justificar este aburrido descalabro.
“Battle of the Damned” es la típica película hecha principalmente en postproducción; librerías de sangre digital, zombies/infectados cutremente pintarrajeados, una amalgama de filtros horrendos ensuciando la imagen, y para colmo de la vagancia, una pandilla de robots literalmente reciclados de su anterior película, “Robotropolis”. El parkinson del operador de cámara y la ofensiva BSO tampoco ayudan a levantar el proyecto, si acaso un dolor de cabeza. Del guión no hablo porque ni tiene ni sería justo exigírselo, teniendo en cuenta sus pretensiones. Conste que no es peor que “Transmorphers”, pero dudo que eso sirva de consuelo. Lo único rescatable de “Battle of the Damned” es, previsiblemente, Dolph Lundgren, que sobresale sin mayor esfuerzo sobre el lamentable reparto, aunque eso tampoco tenga mérito.
Está claro que tiene que haber un público para todo tipo de películas, pero hasta el menos exigente se acaba cansando de caer siempre en el mismo truco, y no sé hasta qué punto seguirá siendo viable o rentable exprimir iconos de acción de los 80 para levantar este tipo de cutradas.