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CRÍTICA DE ZOMBEAVERS: CASTORES ZOMBIS

Por Carlos Marín
 
No voy a ser yo el que me ponga radical con Zombeavers, porque una película de castores zombis es, bueno, una película de castores zombis. Pero tampoco puedes evitar ponerte a la defensiva cuando aparece un “high-concept” con patas de viral y, ay, que pueda quedarse en idea y ya. Porque es difícil hacer una buena película, pero hacer una mala… ¿A posta? Es igual de difícil. O más. Porque el engaño es doble: no solo en la ficción, si no al propio espectador. Eso es lo que le pasa en menor medida a la peli aquí presente; sabe que el chiste tiene gracia, pero vamos que si le cuesta contártelo.

Es que no puede dejar ser una película de videoclub. En formato y equipo. Ojo, es una peli que se titula Zombeavers, estamos en 2014 y más feliz que nadie. ¿Qué puedes esperar? Pues el semi-Critters en el que se va convirtiendo, por ejemplo. Los chistes y gags funcionan cuando juegan a esa fórmula; el gore, a veces también. Además se pasa como un tiro, tanto por su duración justa como porque cuando empieza tampoco quiere perderse mucho en el paralelo de la subtrama (¿cuernos? ¿really?). Menos mal.

El esqueleto, eso sí, es clavado a cualquier otra “chicos-que-van-a-una-cabaña-del-bosque”. Juega con gracia al baile de protagonistas, pero esto es algo con lo que ya trasteaba Eli Roth en Cabin Fever. Caña a sus personajes tampoco da, porque sufren lo justo para engancharte al traqueteo de la supervivencia. Funcional, a todo caso. Incluso el nativo del lugar experto en armas es clavado a cualquier otra molde; puede que no quisieran innovar, que parte de la gracia de la película es que parte de una base muy preestablecida. Sí, definitivamente funcional.

Es realmente divertido cuando juega a lo imposible y se le va algo la olla, introduciendo nuevas reglas con las que replantear y menear la película. Llegan a las puertas de su tercer acto, que tampoco deja mucho tiempo con el que acabar de rematar, pero funcionan y refrescan una película que se estaba quedando estanca de ideas. Y los bichos tienen encanto, de un cutre-tronic admirable y una estética que recuerda a clásicos ochenteros directos a video con los que menear el muñeco frente a la cámara ya era suficiente para arrancar la acción.

Pero ay, peca del “Efecto Machete”: que trailer más majo, que idea más divertida, que película tan de suficiente. Zombeavers no es cautivadora, sí que es divertida y, diablos, te va a sacar una hora y media de pura desconexión a favor de una historia clicheada, llena de efectos cutrongos y algún que otro chispazo de buen humor. Si duraran 10 minutos estas películas serían perfectas, pero montársela a la espalda y levantarla en hora y media es un reto a nivel de catedral; demasiado que ha llegado a tu mano un film donde los castores se infectan por un virus mutante y vuelven de la tumba para asesinar a universitarias cachondas. Bendito 2014.

Lo mejor: Su tufillo a Gremlins o Critters.

Lo peor: O la película está mal hecha, o bien hecha, pero hacerla mal a posta juega en contra suyo.
 
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