CRÍTICA DE SPIDER-MAN: LEJOS DE CASA

Por Francis Díaz Fontán
 
Analizar cualquier adaptación al cine desde el punto de vista de la fidelidad es una labor muy injusta, ya que en cierto modo se menosprecia la identidad de la peli en sí. Así, según ese prisma, El Planeta De Los Simios (Franklin J. Schaffner, 1968) sería una aberración de cambios de nacionalidades, estilos, y de final; Blade Runner (Ridley Scott, 1982) no se parecería ni en el título; y El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972) habría cambiado elementos sustanciales, y eliminado una trama que a muchos lectores les podría resultar imprescindible.

Además de lo injusto, las enormes diferencias que tiene este Spider-Man con el personaje de cómic en el que se basa (la personalidad canalla de Peter, la autonomía de su identidad súper-heroica y no dependencia de soportes tecnológicos proporcionados por Iron Man, la relevancia medular de su origen, su novia, sus amigos, su tía y un eterno etcétera que abarcaría casi todos los detalles de la peli) es algo que ya advertimos en Spider-Man: Homecoming (John Watts, 2017), y que valió la pena pasar por alto, bien porque es lo que debemos hacer siempre con una adaptación (centrarnos en la peli que es, y no en lo que nuestra interpretación del material original nos dice que debe ser), bien porque además, era una peli muy divertida, llena de sabor, y si bien tenía un Peter tirando a sosito, tenía una Michelle Jones, interpretada por Zendaya, que molaba un montón, y un Michael Keaton petándolo como villano.

Por otro lado, tenemos ésta...

... Y me voy a reiterar en lo injusto que es ver una peli teniendo otro producto en la cabeza, pero esta peli no ha parado de introducirme en el cerebro elementos de otras cosas, en lugar de hacerme disfrutar de ella sin más, y lo malo, es que esas reminiscencias de otras cosas no eran de las aventuras del trepa-muros, sino de fuentes menos apetecibles. A ratos me ha recordado la última temporada de Henry Danger (Nickelodeon, 2014-Actualidad), o la dinámica social de los jóvenes de Los Thundermans (Nickelodeon, 2013-2018), o a ratos, los momentos más pereza de la segunda de Spy Kids (Robert Rodriguez, 2002), con toda esa tecnología de birlibirloque que parece diseñada para una juguetería aunque intenten decirte que forma parte del arsenal pseudo-militar de Stark Industries. Todo ello aderazdo con el viaje a Europa de adolescentes con más tufo a “Quiero y no puedo” que uno podría esperar, en el que se saborea esa lucha entre “No, esto no, que sería demasiado para el libro de conducta de Disney”, y que trae como resultado que la parte de personajes se resienta de manera profunda.

Se ha hablado mucho de lo floja que pareció a muchos Spider-Man III (Sam Raimi, 2007), o lo insatisfecho que quedó todo el mundo con la saga de Spidey de Marc Webb (que, personalmente, me pareció muy buena en muchos aspectos), pero dejando de lado el hecho de que esas encarnaciones trataban a Spider-Man con mucho más respeto, tanto en la (como he dicho, no importante) fidelidad al personaje, como en la identidad y potencia autónoma del mismo -ya que, en ésta volvemos a tener a Spider-Man como un mini-Robin de Iron Man, al que se le evoca constantemente.

Si algo funcionó en Spider-Man: Homecoming era la relación de Peter y sus amigos y cómo se fundían sus aventuras como trepamuros con sus desventuras como chico de a pié. Molase la peli más o menos, la parte de personajes era importante, tenía peso, y, sobre todo, te la creías. En esta Spider-Man: Lejos de Casa, sin embargo, se trata de manera automática, pasiva, fácil, e incluso desganada a ratos, lo que da mucha rabia, teniendo en cuenta que ese detalle precisamente era de lo mejorcito en la anterior entrega.

Dicho esto, la película, en parte por su trama aventurera (cualquier cosa que os diga sería un spoiler, y luego tendrían que matarme), y en especial por una secuencia bastante jugosa a mitad de la peli en que tienes durante un brevísimo periodo de tiempo esa sensación de que estás viendo en cine un momento muy icónico de las aventuras comiqueras de Spidey, consigue terminar con un aprobado justo, y -como es de esperar de un estudio que ha hecho de sus secuencias post-créditos un arte- dejarte con ganas de más.

En resumen, una de las pelis menos inspiradas del hombre araña, y aún así, diversión garantizada para toda la familia.

Lo Mejor: Zendaya, tiene la gracia canallesca del Spider-Man auténtico, aunque no está tan bien como en la peli anterior.

Lo Peor: Nick Fury; el sempiterno Tony Stark, que no deja a este Spider-Man balancearse solo ni muerto; y la segunda secuencia post-créditos, que se manifiesta como un grito desesperado de recordatorio de que esto forma parte de un universo más grande y más molón.

Por Francis Díaz

 
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