CRÍTICA DE LA INVITACIÓN

Por Carlos Marín
 
"Nuestro hijo ha muerto, y eso no se puede ignorar. Eso no se puede BORRAR". Potentes lineas que concentran los temas principales que trata The Invitation: la pérdida, el dolor, la superación y el poder terrible de los demás en los peores momentos de nuestra vida. Esta carga de telefilm se diluye como el veneno en una película de terror que a lo mejor no lo es tal, pero que sí insiste en preparar al espectador para que pueda esperarse lo peor de la cena malrollera a la que se accede con la invitación del título.

Construida como obra de teatro y ejecutada como cine de atmósfera, la película plantea un reto de paciencia al espectador sin dejar de agarrar la tensión subyacente en todo momento. Las piezas se colocan sin ningún tipo de sutileza: las puertas cerradas, las verjas en las ventanas, los personajes que no encajan y el video inquietante. Este último nos engancha a pleno segundo acto con una sabia elección de tono: para qué preocuparse en sembrar la duda de si habrá o no tormenta, cuando lo que vale la pena es sugestionar la pregunto de "pero para cuando".

Su larga primera hora se vuelve algo tediosa por un devenir, quizás no predecible, pero sí por carretera recta y sin demasiadas curvas. Esta tensión que se corta en el aire está construida a base de tu paciencia, querido espectador, que saltas nervioso en cualquier momento que parece todo vaya a arrancar... pero no. No llega. Y tu te relajas porque para qué volver a preocuparte por la enésima hasta que te la cuela, hasta el fondo, y entonces decide que su último tercio es todo lo que se ha ganado a base de tu duro trabajo y paciencia.

Como película de cámara sus actores están perfectos, afilados a nivel obra teatral. Los matices que esconde su protagonista, roto y destrozado más de lo que podríamos llegar a creer, son solo una más de las cualidades de un reparto que esconde varias capas de buen hipocresía postmoderna. Ni siquiera aquellos personajes que no encajan de buenas a primeras en la cena, fácil que caigan en la autoparodia o el histrionismo, están controlados y medidos para dar la cal y arena creepy que toca en cada momento.

De simpleza admirable y potente trabajo de suspense, The Invitation hace trabajar tu cerebro en el terreno que mueve al miedo: observación, detección de patrones no controlados e incertidumbre de cómo van a combinar los dos primeros factores. Una pequeña pieza que recorre las carreteras del drama, sin dejar de lado la tensión construida para que se pueda cortar con el cuchillo de untar. Un interesante punto de vista al mundo de las sectas, el factor emocional y la relación de amistad en un mundo hipócrita tan cínico como sus escépticos personajes creen pueden llegar a ver.

Lo mejor: la tensión subyacente de la que se beneficia su última parte.

Lo peor: cuesta entrar en ese juego de simpleza y drama familiar.
 
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