CRÍTICA DE CUENTOS DE HALLOWEEN

Por Carlos Marín
 
No agrupa ni a los mejores ni a los más vanguardistas directores del género, pero un vistazo en profundidad a Tales of Halloween muestra los activos de locura que viven en sus responsables y que comparten con un público cómplice, cansado de haberlo visto todo y con la mente abierta a la burrada por la burrada que propone. Mezclar el legado de Viernes 13 con una coña Alien es solo uno de los bizarros cuentos con los que pasar una buena noche de todos los santos.

Ninguno de sus segmentos sería capaz de desbancar a hermanas recientes como, por ejemplo, V/H/S, y el motivo puede ser presupuestario. La película sí, es barata. Pero en plan positivo; recordad lo que decía Jarmusch: bonito, rápido y barato, solo elige dos, las tres son imposibles. Pues esto habrá sido barato y rápido, pero la mala ostia y el profundo gamberrismo dan a cuenta de cualquier defecto técnico o de perfección estética.

Es esta falta de medios la que le da alas en creatividad, sin tener que rendir cuentas a nadie más que a los fans que aplauden cada cameo encadenado. De hecho la historia más convencional es la que abre la película, para luego ir a explorar cuento tras cuento fronteras de esas que solo se atrevían las carnazas de videoclub por su limitado circuito y falta de responsabilidad. En un estado puro del arte donde éste trata en realidad de enanos diabólicos atracando licorerías. Punki total, yo iría al MOMA a verlo.

La irregularidad presente en todas las antologías sobrevuela como una bruja, pero no maldice. Por primera vez en años hay una batuta fuerte que unifica las historias, sin grandes saltos de tono o subgénero más que un par de contadas excepciones. La justificación de estar en el mismo pueblo y de repetir personajes entre historias genera este sentimiento unificado, de flujo único y de pocos egos que se dejan la piel por un proyecto común, no una competición.

Hay mucho caca culo pedo pis en Tales of Halloween, cosa que no será ofensiva siempre que participes en su broma y vuelvas a un chip, el constante ochentero, que obliga a no sentirte culpable por pasártelo bien con este tipo de videoclubadas. Es la fiesta del género a la que estamos todos invitados, una pequeña casa del terror con esqueletos de goma; esos que no acojonan, pero que están pintados a mano con tanto cariño que es imposible no caer enamorado de su mirada.

Lo mejor: la gamberrada profunda y la regularidad de sus historias.

Lo peor: su libertad absoluta implica falta de medios.
 
CRÍTICAS RECIENTES