CRÍTICA DE NO RESPIRES

Por Francis Díaz Fontán
 
Tras el fantástico sabor de boca que nos dejó en 2013 con su remake/reboot/nueva versión de Evil Dead (2013), ahora llega a nuestros cines el nuevo trabajo de su realizador Fede Álvarez, y que cuenta nuevamente con Sam Raimi en la producción.

"No respires" nos ofrece un cambio bastante evidente de temática, ya que nos sumergimos en un thriller realista, con cierto toque social, en que la principal similitud con la anterior es la agobiante presencia del escenario principal de la trama: una vieja casa de estructura de madera. El realizador uruguayo mantiene su gusto por los personajes que traen su propia carga, que tienen algo que decir, así como su gusto por situaciones angustiosas, sin dejar de lado esa capacidad del director de hacer que te sientas profundamente incómodo aunque estés sentado en la butaca más confortable del mundo.

La película narra la historia de tres jóvenes sin futuro de la vieja Motor City, en Detroit, que entran a robar en la casa de un veterano de guerra ciego, y lo de ciego es más que relevante, ya que la falta de visión, y, en especial, el estímulo del resto de los sentidos, jugarán una parte importante en esta inquietante aventura.

"No Respires" es tremendamente sincera, sencilla en su desarrollo visual, y muy muy sensorial. La premisa narrativa es básica y muy directa, y dedicada a meternos de lleno en ese angustioso pasaje del terror al más puro estilo Sam Peckinpah que es la misteriosa casa de nuestro hombre en la oscuridad, El Hombre Ciego, interpretado por Stephen Lang.

Los actores están inmensos, si bien destaca especialmente Jane Levy (quién ya nos regaló a una poseída increíble en Evil Dead) y el propio Lang, aunque Dylan Minnette ha sido un gran descubrimiento, interpretando a un personaje muy sencillo pero al que ha sabido darle sabor más allá del guión.

"No Respires" es la consagración de Fede Álvarez como uno de los realizadores con más talento del panorama cinematográfico actual: es capaz como pocos de ponernos los pelos de punta, mantenernos en tensión y crear personajes con los que conectas desde el primer momento.

Lo mejor: Su malrollera atmósfera y el trabajo de los actores.

Lo peor: Quizás se echa de menos más momentos de los personajes fuera de la casa, antes de la misión.
 
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