CINE · AULLIDOS
Crítica de Bloodsucking Bastards (2015)
Bloodsucking Bastards
Crítica de Bloodsucking Bastards
Entre las dos tierras que separan la comedia fallida y el aplauso vibrante se encuentra cómoda, sin hacer demasiado ruido, Blooduscking Bastards. No es un atributo para nada negativo; es más, es un atributo casi necesario. El alma respira al ver la poca preocupación por ser un fiel reflejo del treinteañero loser, sacando colmillos por su premisa y empujado con un montaje derivado del puro entretenimiento formal: a toda ostia cuando puedo, lento pero sin pararse demasiado cuando lo necesito.
Su vehículo, sin embargo, no es tan efectivo. El humor, maldito castigo a guionistas que entonan lo de "es más difícil hacer reír que...", se cobra su primera víctima: una película de vampiros en la oficina que corre el riesgo de ser la cuñada de Abierto Hasta el Amanecer. Esto no, no es bueno. Pero lo remonta gracias a unos cuantos chistes que SÍ funcionan -casi todos running gags, como el del conserje o los 20$ malditos-, y que en ambientes joviales sacarán algún aplauso tímido y más de una buena carcajada.
Lo bueno de probar tirar 200 coñas por minuto es que el ritmo y el timing permiten que la película pase volando. Y pase bien, porque ante todo y pese al fallido nivel extremo de comedia, Bloodsucking Bastards es entretenida del carajo. Comienza como una sit-com con un misterio que se desarrolla con pequeñas escenas de gore hasta que, sin comerlo ni beberlo, te encuentras con un tercer acto que es puro derroche de hemoglobina.
La fórmula funciona por narices: a imaginar un The Office se encuentra con Abierto Hasta el Amanecer en una comedia loca de los 80. El último tercio, sagrado, empuja y aparta los errores del pasado -bueno, excepcionando un corte de personaje por montaje que es demencial y denunciable- para construir el pack "comedia gore" en la que tan a gusto se mueve. Es imposible no haber trabajado en una oficina y contemplar con gozo como utilizan el mobiliario empresarial -toners, lápices, cortadoras de papel- y la jerga del mundo -delegar, equipo, agresividad empresarial- para desatar sendos homenajes a Braindeads y Evil Deads.
De nuevo, comodidad: la de la película por querer mantenerse en su postura de humor extremo y la del espectador por ver una apuesta segura. Las miradas de admiración a una hermana mayor que no es hermana, es más bien un famoso de la tele -y sí, me refiero a Shaun of the Dead-, se diluyen en una sabia decisión de hacer la película lo más divertida, entretenida, fiestera posible. Invocando a la naturaleza vampírica del colmillo, la verdad, es para darse un canto en los dientes.
Lo mejor: su ritmo, duración y gore sin complejos.
Lo peor: el exceso de humor cuando no hay vampiros cerca.