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Crítica de "Muñeco Diabólico (Child´s Play)" (**** y ½), el brutal lavado de cara de Chucky

Cuando Don Mancini creó el primer Chucky en los 80, en su cabeza funcionaban los combinados anticapitalistas propios de la edad -veintipocos-. Su Muñeco Diabólico encarnaba, fundamentalmente y como él mismo ha explicado, la tiniebla del consumismo de apetencia y status, que por entonces ya iba alineado con el boom de la publicidad sin control. Treinta años más tarde, y sin el beneplácito de Mancini, Chucky es definitivamente otra cosa. Algo aterrador por proximidad y presentado de forma llana. No se trata un objeto poseído por un asesino en serie dirigido a la sangre por accidente, sino primero un mal mayor de la opresión que las grandes compañías -también las tecnológicas- ejercen sobre la voluntad, integridad e intimidad de los usuarios que las sostienen (empezando por sus empleados). Y después, que es lo verdaderamente inquietante, un reflejo de nuestra propia experiencia y expresión de los anhelos ocultos, antes más figurados y ahora perfectamente debatibles y públicos gracias al momento histórico de los foros inagotables.