CINE · AULLIDOS
Crítica de Kairo (Pulse) (2001)
Kairo
Crítica de Kairo (Pulse)
Kairo fue una de las películas orientales que además de gozar de buena crítica en su época, tuvo también su propio remake americano (injustificado) pocos años después.
La fuerza de Kairo radica sobretodo en su fotografía. A diferencia de la humildad técnica presente en Kourei, su película anterior, Kurosawa hace gala de un trabajadísimo apartado visual en Kairo, destinado a impactar al espectador, buscando para su fórmula artística juegos de luces y sombras, altos contrastes de niveles y colores saturados que llega incluso a molestar la vista, con el fin de despertar en el espectador sentimientos de agobio, inquietud y pesimismo. A este singular tratamiento de imagen se une el barroquismo de los escenarios y la predilección por planos fijos largos, que acentúan la sensación de claustrofobia.
Sin embargo sería injusto tachar esta propuesta de efectista, dado que en conjunto, Kairo es una historia contada por imágenes. La estética sirve como hilo conductor de la trama, revela lo que sucede, cómo sucede y por qué sucede, con una fuerza sutil y a la vez irrefutable. Kurosawa no persigue que contemplemos su visión apocalíptica, quiere que la sintamos.
Los tópicos Kaidan se mantienen no obstante, como marca de la casa: minimalismo, suicidios, personajes apáticos, desarrollo lento, tecnología sobrenatural y como no, fantasmas, esta vez tirando más a "The Eye" que a Ringu (aunque debe quedar claro que The Eye fue posterior).
De haber algo negativo, a parte del posible mareo que pueden causar ciertas escenas, señalaría el refrito científico-filosófico-metafísico que usa como telón de fondo, y con el que pretende explicar los acontecimientos.