CRÍTICA DE LOS CRÍMENES DE OXFORD

Por Miguel Martín
 
Sin ser una obra maestra del cine de misterio, la nueva película de Alex de la Iglesia reúne suficientes cualidades como para resaltar por encima de la media de producciones estadounidenses de intriga. No hay en 'Los crímenes de Oxford' ni persecuciones, ni tiros, ni crímenes grandilocuentes, ni investigaciones imposibles ni grandes héroes ni verdaderos villanos. La acción es sustituida por la lógica, por problemas matemáticos y extravagantes teoremas. En estos enigmas radica la verdadera acción, el motor que mantiene por todo lo alto el interés de la película.

Aún tratándose de la película más clásica (incluso tal vez por ello la más impersonal) del director vasco, en 'Los crímenes de Oxford' se vislumbran muchas de sus obsesiones fílmicas: personajes grotescos, humor negro y absurdo, paisajes lúgubres... Y sobre todo una ambientación oscura y tétrica que les sienta la mar de bien a unos personajes de dudosa moralidad y a una trama cargada de momentos enfermizos.

En los personajes protagonistas radica gran parte de la fuerza de la película, el a menudo interesante Elijah Wood en el papel de pupilo no suficientemente aventajado y el genial John Hurt en la piel de soberbio e irónico maestro, erigido en indiscutible alma de un guión en cierto modo caprichoso al que hay que reconocer el mérito de no resultar demasiado obvio ni tramposo. Ambos actores se ven respaldados por la bella Leonor Watling en la piel del personaje menos elaborado de cuantos pululan por el relato, necesario como contrapunto aunque desdibujado en su contexto.

Gran acierto el tono minimalista de la investigación que se lleva a cabo (sumamente originales los llamados 'crímenes imperceptibles'), las entretenidas anécdotas que se cuentan entre medias de la acción (a modo de relatos dentro del relato principal), y en especial el gran plano secuencia en el que Álex de la Iglesia nos presenta a todos los personajes principales de la trama entrecruzándose hasta llegar a la escena del primer crimen de la serie. Un genial retrato de todos los sospechosos que entran en juego a modo de una partida de Cluedo gigantesca y mortal.
 
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