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CINE · AULLIDOS

Crítica de Chrysalis (2007)

Chrysalis

Crítica de Chrysalis

Juzgar una película como Chrysalis es algo bastante sencillo, porque en el fondo es una película del montón. Es entretenida, está bien rodada, con un par de planos realmente buenos y las actuaciones cumplen, pero en el fondo carece de profundidad alguna, y su trama es liviana una vez se mira de cerca.

Chrysalis nos cuenta la historia del policía David Hoffmann, un tipo duro, cabrón, capaz de hacer cualquier cosa para hacer su trabajo sin importar a quién y dónde patearle. Su caza de un asesino en serie se saldará con la muerte de su esposa, convirtiendo el asunto en personal. A la vez, vemos como la supuesta hija de una reconocida doctora despierta, y duda de su personalidad ante la extrañeza que le supone rememorar su pasado.

El problema es que la trama puede parecer enmarañada, pero para nada lo es: a los veinte minutos de empezar todas las cartas están sobre la mesa y es fácil apreciar la mano que tienen el director y los guionistas. Y sin embargo, hay buenas ideas desperdiciadas (sólo con el conflicto de identidad de Manon, la hija de la Doctora Brügen, se podría hacer una película entera) y los personajes no dejan de ser estereotipos, por lo que siempre queda lo que pudo haber sido.

Pero el problema no está en la dirección. De hecho, Chrysalis puede presumir de buenas escenas de acción, como la impagable pelea en el cuarto de baño de Hoffmann, y los planos no se suelen repetir por lo que no es aburrida de ver. La dirección de actores es eficaz y todos cumplen. La visión del futuro a través de filtros y escasa iluminación, mezclando la ciencia ficción con el cine negro, está muy conseguida. El problema viene cuando el guión, escrito por cuatro personas nada menos, empieza a abrir frentes que resuelve por mera cuestión de trámite, como el citado conflicto de identidad o la inevitable, en este tipo de películas, denuncia a los peligros de la ciencia descontrolada.

Queda por tanto un producto eficaz y un soplo de lo que pudo haber sido y no fue. Habrá que seguir a su director, Julián Leclercq, para ver qué nos trae en el futuro.

Lo mejor: La dirección. Ver un Paris futuro. La fotografía. Las escenas de acción.

Lo peor: El potencial desaprovechado; fijaos en la nota y comprobad cuanto potencial se ha desaprovechado.