CRÍTICA DE EL HOMBRE LOBO

Por Dario García-Verdugo Vargas
 
"Incluso un hombre puro de corazón que reza sus plegarias todas las noches puede convertirse en lobo cuando el lobo aúlla y brilla la luna en otoño". Gwen Conliffe –Evelyn Ankers-

El hombre lobo es el tercer personaje de la trinidad creada por la Universal junto a Drácula y Frankenstein.

Un golpe de suerte concedió el papel de Larry a Lon Chaney Jr, pues el guión de esta película había sido escrito pensando en Boris Karloff –Frankenstein- pero este tuvo que rechazarlo porque estaba involucrado en otro proyecto.

Lon Chaney Jr en contra de la voluntad de su padre siempre había querido dedicarse a la interpretación. Tras la muerte de su progenitor lo hizo y con este papel consiguió popularidad, pero tras interpretar al licántropo en cinco ocasiones corrió el riesgo de encasillamiento.

Acostumbrados a la espectacularidad y a la acción que encontramos actualmente en el cine, El Hombre Lobo puede parecer una película poco terrorífica y con un ritmo muy lento pero posee un memorable desenlace con una muy buena ambientación e iluminación adecuadas para crear una atmósfera de miedo. Los efectos especiales están muy logrados y con ellos su creador sentó cátedra, teniendo en cuenta que se trata del año 1941. Tan solo destaca algún fallo de continuidad en las transformaciones.

En el aspecto interpretativo no podemos olvidar el cameo de Bela Lugosi y la participación de Claude Rains – El Hombre Invisible- en el papel del padre de Larry.

A pesar de no ser la primera película sobre el mito del hombre lobo, fue la más exitosa, la que sentó las bases del subgénero de la licantropía y presentó elementos como la plata (el bastón con cabeza de lobo), la marca de la bestia...que se han utilizado en innumerables películas posteriores.
 
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