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CINE · AULLIDOS

Crítica de Zatoichi (2003)

Zatoichi

Crítica de Zatoichi

Y con él llegó el escándalo. El premio al mejor director en el Festival de Venecia y nada menos que el de mejor película en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, avalan esta nueva obra maestra (y ya van...vaya, perdí la cuenta) del iconoclasta genio nipón, creador de la poética "Dolls" o la brutal "Brother" entre otras. Pero en esta ocasión cambia de registro para rodar por vez primera un film de época basado en la historia de Zatoichi, el mítico héroe japonés al que el propio Kitano da vida en un papel menos hierático que de costumbre (incluso podemos verle sonreír) y que se hace acompañar en el reparto por Tadanobu Asano, auténtica estrella del país del sol naciente y que ya ha trabajado con cineastas de la talla de Nagisa Osima y Takashi Miike.

Pese a ser una de sus obras menos obtusas, expresa aquello que manidamente se ha dado en llamar "cine de autor", apelativo que en esta ocasión sirve perfectamente para definir esta sobresaliente tragicomedia de acción en la que Kitano demuestra una vez más que para dar una clase magistral de cine no es necesario contar con un presupuesto multimillonario ni con un reparto de superstars hollywoodienses. Basta con tener una sola y escasa cualidad que este aventajado alumno de Kurosawa destila a raudales: TALENTO. Y debe escribirse en mayúsculas al hablar de Kitano. Cuando uno termina de ver una película como la que nos ocupa siente el deseo irrefrenable de levantarse de la butaca y aplaudir. Porque en Zatoichi no asistiréis al acostumbrado despliegue de saltos estratosféricos, coreografías imposibles o peleas interminables. Y no vais a encontrar nada de eso, sencillamente porque a la película no le hace ninguna falta para plasmar con extremado realismo lo que suponía ser un maestro de la espada. Desde su comienzo podemos apreciar que el film debe en parte su planteamiento al mejor western de Leone sin menospreciar el descubierto y siempre merecido homenaje al maestro Kurosawa con un formidable duelo bajo la lluvia mientras la tierra se tiñe de sangre. Kitano da vida a un personaje que nos recuerda al Toshiro Mifune de "Yojimbo" o al mismísimo Clint Eastwood de "Infierno de Cobardes". Pero claro está, todo ello licuado bajo la trituradora de Sensei Takeshi, obteniendo como resultado una delicia visual en cada plano, y donde brilla con entidad propia la música hasta convertirse, junto con el indispensable mar, en un personaje más, con unas coreografías tan perfectamente integradas en la trama que le sirven de tempo narrativo a la misma.

Pero que nadie se rasgue aún las vestiduras. "Zatoichi" no es un musical ni lo pretende. Muy al contrario, estamos ante una película cruda pero que no por ello renuncia al lirismo donde los formidables combates se desarrollan con una inusitada maestría y velocidad para culminar en hiperbólicos baños de sangre digitalizada que rozan el gore por momentos (de ahí el premio en el Festival de Cine Fantástico de Sitges). Las escenas de lucha destilan espíritu marcial sin compasión, con unos enfrentamientos sencillamente soberbios que plasman fielmente el desarrollo de un combate veraz a katana, donde un golpe significaba la muerte. Lejos de aburrirnos con las consabidas peroratas al estilo "chincha, rabia, que mi cultura es milenaria y la tuya no" (que tuvimos que sufrir en "El Último Samurái"), en Zatoichi el arte del Bushido es una presencia constante que se "siente" en cada toma. Destaca especialmente el uso de la técnica de desenfundado rápido o "iai nuki", y es que de poco servía saber realizar bailes de salón con la espada si uno se encontraba rodeado, con el arma aún enfundada y en inferioridad numérica, como le suele ocurrir a nuestro protagonista. No se trata de quedar bien para la foto sino de conservar la vida.

Y consciente del fervor que en Occidente tenemos por todo lo oriental, Kitano nos regala un brevísimo combate con los míticos ninjas en una de sus acostumbradas espectaculares apariciones en escena, que se desarrolla c