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CINE · AULLIDOS

Crítica de El Hombre Lobo (2010)

The Wolf Man

Crítica de El Hombre Lobo

La luna llena y su influencia, eterno clásico que se reitera en todas las décadas desde aquel lobo hombre de la Universal, con una gran tendencia (al contrario que sus primos-hermanos, los vampiros) a caer en el lado equivocado de la balanza, ya sea en crítica o en taquilla. Pocas películas de licántropos han alcanzado el techo y, esta vez, parecía que se quería arreglar esta triste situación con un buen (y galardonado) reparto, una criatura creada como puro homenaje a la fuente original (en concreto un par de fugaces fotogramas parece verse la cara de Chaney) y una vuelta a ese aspecto victoriano que tan bien pega con la historia del hombre lobo. ¿El resultado?

Una lamentable y rotunda decepción a la salida de la sala.

Cuando se lee que una película se retrasa por problemas con la producción, que los sucesivos montajes no dejan a nadie contento y que el estreno se retrasa a más no poder, uno se puede esperar lo peor. Pero aún dándole el voto de confianza más grande que se le pueda ofrecer, El Hombre Lobo es una mala película, un batiburrillo de técnicas y estilos distantes, un despropósito a nivel de producción que descarrila a los pocos minutos de metraje.

Es increíble el potencial que tenía un film como este para que, finalmente, se quede todo en un trabajo mal realizado. Teniendo en la baraja un trío de grandes actores como son Benicio del Toro, Anthony Hopkins y Hugo Weaving, es de chapuzas que sus actuaciones chirrien. Y lo hacen hasta niveles inmorales, sin riesgo a la exageración. Los diálogos son atropellados, al igual que la evolución y los actos de los personajes, desdibujados de principio a fin. Todo pasa precipitadamente, sin dar tiempo a crear ninguna sensación de intriga, sin dar la oportunidad de poder seguir la historia con calma (¿por qué están tan fuera de lugar los gitanos en el metraje? ¿era necesario un tramo final tan simplón y falto de carisma?).

Casi parece que lo que estamos viendo sea un resumen de lo que en realidad era el guión original, algo de suponer después de tantos recortes creativos.

Incluso una de las bazas que más llamaban la atención, su estilo visual victoriano, está intoxicado por un extraño hedor a chapuza. Por momentos estamos viendo una ambientación clasicista para, en un momento, pasar a un CGI que daña la vista, volver al tono clásico y finalizar la escena con algún efecto de videoclip barato (¿a qué viene lo de acelerar la cámara aleatoriamente en contados momentos del metraje? ¿realmente ayudaba en algo?).

Que no se malinterpreten estas palabras: si se sabe hacer, la mezcla de estilos puede ser de una fuerza visual impactante. Pero el no saber hacia donde tirar una película de este calibre es un error que pasa factura al resultado final, hundiendo aún más los errores anteriormente mencionados.

Pero no nos pongamos pesimistas. No todo está perdido, así que podemos hablar de los aspectos positivos del film. El hombre lobo, la criatura, es una bestia parda y feroz, un caramelo para el amante de la luna llena. Aún sacrificando el sentimiento de terror (que es nulo), la aparición del monstruo por la pantalla provoca la diversión más pura y dura. Al contrario de lo que se podía pensar, las escenas de acción donde el monstruo da la cara carecen de ningún suspense u horror. Todo lo contrario: es darse la transformación para que comencemos a ver un desfile gore ante nuestros ojos, con desmembramientos, garrazos, mordiscos, sangre a borbotones, tripas y alguna que otra muerte humillante. En ese sentido, es un divertimento de serie B bastante aceptable. Por desgracia, la presencia del peludo carnicero es bastante escasa en pantalla y su tiempo como monstruo peca de ser demasiado corto.

Muchos pensábamos que el género estaba de enhorabuena con esta re-imaginación gótica de un mito cinematográfico, pero nada más lejos