Sentenciados a No-Muerte
Un repaso a algunos de los reclusos más celebres del cine de terror y fantástico.
SHOCKER, 100.000 VOLTIOS DE TERROR (Shocker, 1989), de Wes Craven
Condenado: Horace Pinker
Cargos: Asesinar a 27 personas.
Ejecución: Silla eléctrica.
Horace Pinker, reparador de televisores, hizo sus pinitos como psicópata en su propio hogar, el día que asesinó a su esposa en presencia de su hijo Jonathan, cuando ésta trataba de protegerlo. Pinker le cogió gusto al asesinato. Por otro lado, Jonathan fue acogido por el peor enemigo de Pinker, el teniente Parker, quien finalmente logró detener al psicópata. Pinker fue sentenciado a morir en la silla eléctrica. Su última voluntad fue que le instalaran una televisión en su celda, con la que hizo un pacto electrosatánico. El día de la ejecución sobrevivió a numerosas descargas, hasta que su cuerpo, completamente chamuscado, se transformó en pura energía. Sus nuevos poderes le permitirían vengarse de Parker.
Wes Craven, el cineasta al que mejor le queda el traje de “una de cal y tres de arena”, en su afán de crear psicópatas icónicos (Freddy, Ghostface) probó suerte con otro asesino sobrenatural, aunque en esta ocasión le salió rana. “Shocker” es divertida, e incluso Pinker tiene un punto de carisma, con su mono naranja y su cojera, pero el conjunto está tan pasado de vueltas que acaba chamuscado. El grado de absurdez va en aumento desde el primer minuto, y aunque la persecución de Pinker a Jonathan a través de distintos canales de TV hace que le cojas cariño a la película, también consigue que le pierdas definitivamente el respeto. Pese a todo, “Shocker” es un clásico a reivindicar en el slasher campy de los 80.
Pinker, convertido en pura energía, es capaz de introducirse en los cuerpos de la gente y controlarlos, una peculiaridad que “Fallen” imitaría años después.
