Sitges 2014: Resumen del día 4

El festival se acerca a su Ecuador y nosotros seguimos al filo del cañón para contaros todo sobre las películas que vamos viendo
El día ha comenzado con "The World of Kanako" (Tetsuya Nakashima, 2014), película precedida por el éxito de "Confessions", con la que su director consiguió fascinar a medio mundo y mandar su film a los Oscars. En esta ocasión Nakashima se va al otro lado del espectro y dirige una película histérica y pasada de vueltas, un relato salvaje repleto de violencia, violaciones gratuitas y giros uno tras otro.

La búsqueda de un ex-policía alcohólico por encontrar a su hija desparecida se convierte en un viaje de descubrimiento sobre los secretos más profundos, no solo de ella, sino de toda una generación. La polarización de la película ha sido importante: por un lado los que piensan que la película va más allá de donde debe, que el exceso le puede y la hace agotadora. Por otro, los que creen que es una salvajada potente y una vuelta al Nakashima de "Kamikaze Girls". Por lo que a eso respecto, nosotros nos declinamos por el primer grupo; too much histerism.

La alemana "Stereo" (Maximilian Erlenwin, 2014) ha continuado la rueda de pases, con un film que ha desconcertado al público por su desvaríos de subgéneros y por una carga demasiado pesada de narración. La historia de Eric, un hombre desquiciado que sufre personalidad múltiple, se complica cuando un mafioso comienza a amenazarle. Por las reacciones no tiene pinta de estar en el palmarés, pero dado el jurado de este año nunca se sabe.



(STEREO)


También se ha asomado la nueva película del excéntrico Quentin Dupieux. "Réalité" (Quentin Dupieux, 2014), ha fascinado a aquellos que buscaban un relato metacinematográfico y sorprendente, con diferentes lineas en las que perderse y un mundo onírico plagado de humor absurdo. Hay quien dice que es el peor trabajo de su director, otros que vuelve al tono que inició con "Rubber"; lo que todos sí acuerdan es que las excentricidades marca de la casa no se han ido en ningún momento.

Para aumentar la carga pesada que se vivía en el Auditori, se ha proyectado la muy indie "A girl walks home alone at night" (Ana Lily Amirpour, 2014). Desde Estados Unidos pero rodada en persa, la película muestra un cuento sobre personajes sin rumbo, en una ciudad consumida por la industria donde una vampiresa con velo se alimenta de las malas personas que la habitan. Pesimista, cargada de metáfora y, sobre todo, lenta a niveles insospechados, la proyección ha sido el cultivo perfecto para algunas siestas de sueño acumulado.

Si bien la dirección visual es de las más potentes que se han visto en el festival, la falta de un hilo narrativo potente la deja un ejercicio casi universitario, una delicia para aquellos que buscan un cine indie contundente pero insuficiente para los que quieren algo más convencional. Es un film cultivado dentro del marco Sundance, con lo que la persigue mucho ese aire a ópera prima pretenciosa con la que machaca a su espectador.

El plato fuerte del día se ha servido frío (juju), con la genial "Cold in July" (Jim Mickle, 2014). La premisa, en principio, es sencilla: un hombre dispara a un intruso en mitad de la noche, lo que provoca que el padre del criminal asesinado comience a amenazar al protagonista. Y hasta aquí puedo leer, porque lo nuevo del ya habitual Mickle es un juego de subgéneros con el que amenazar al espectador, un viaje hacia sitios que nunca pensarías llegar y con el que se marca los últimos 20 minutos mejores de su carrera.

Su trasfondo de western, su banda sonora y sus anti-heroes consiguen evocar, de nuevo, al Carpenter o al Walter Hill que filmaban este tipo de películas sin complejos. Jim Mickle ya era un hombre a seguir, pero después de este título hay que apuntarlo en cabecera para cada estreno que llegue. Veremos si vuelve pronto al género de terror como tal.



(Cold in July)


Las dos últimas proyecciones del día han sido tan dispares como la reacción de su público. Por una parte "’71" (Yann Demange), en la que un recluta queda abandonada a su suerte en mitad de territorio enemigo, justo en el punto más cruel del conflicto irlandés. Su dirección parece ser genial y el protagonista, al que ya habíamos visto de terrorífico adolescente en "Eden Lake", realiza todo un ejercicio de interpretación en esa pesadilla en forma de persecución que es toda la película. Aún así, muchos se preguntaban qué hacía un film de este estilo en un festival como Sitges, al menos en una sesión de noche.

Finalmente Ryan Reynolds ha aparecido (en pantalla) con "The Voices" (Marjane Satrapi, 2014). La directora de "Persépolis" repite otra vez fuera de la animación en una historia dulce sobre psychokillers y animales que hablan a sus dueños. De tono extraño, la película ha tenido tanto detractores como defensores.

Se cierra entonces un día de ambiente cargado, con propuestas no para todos los públicos y que, sin duda, han machacado los cerebros de los que llevamos ya aquí unos cuantos días. Por delante quedan ahora la austriaca "Goodnight Mommy", la nueva propuesta de Cronenberg ("Maps to the Stars") o la apocalíptica "These Final Hours".



(The Voices)


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