Festival de Sitges 2018. Día 3 ("Mandy", "Aterrados", "Summer of 84"...)

Llega el sábado, el fin de semana y con él se mezclan los turistas playeros, los curiosos cazadores de famosos y los fanáticos que no pueden permitirse pasearse entre semana. Eso en la calle, porque dentro de las salas de Sitges se siguen paseando invitados y películas para saciar el hambre de unos primeros días que saben a poco.

La transformación del festival en un lugar más amplio a veces crea escenarios en los que, hasta el tercer día, no se ve una muestra de terror sin filtro ni opinión. Ese ha sido el caso de Aterrados (Demián Rugna, 2017), película argentina de horror que prometía entretenernos con unos cuantos jump-scares y gore de manual. Y así ha sido: esta historia de casas encantadas, planos dimensionales y posesiones corporales ha hecho las delicias de un público que ha pillado las referencias Lovecraftianas, los referentes a Poltergeist y el humor argentino -algunos dicen que involuntario- que ha arrancado aplausos en los mejores momentos de la cinta. Desde su modestia y su amor por el género, una firme candidata a pasearse por el palmarés en premios importantes.

El segundo pase de Piercing (Nicolas Pesce, 2018) después de su exhibición en Tramuntana ha partido al día y al público por la mitad. Una curiosa historia pulp con música à la Goblin y personajes más oscuros que el carbón, adaptando una novela del reputado Ryu Murakami (autor también de ‘Adaptation’). Rodada con un estilo muy cercano al ‘mumblegore’, la película muestra la crisis de Reed (Christoper Abbott), un psicópata en ciernes que decide saciar su sed de sangre con una prostituta (Mia Wasikowska). Pero su “invitada” tiene más secretos de los que parece, dando pistoletazo a una relación tóxica repleta de un difícilmente alcanzable humor negro. Propuesta en apariencia simple que no ha convencido a un público algo desconcertado.


(Nicolas Cage y el director Panos Cosmatos. Foto: Alejandro Antón)


Y el día continuaba, esta vez con nuestra cucharada habitual de nostalgia. La edición de 2015 tuvo grandes joyas, entre ellas una ‘Turbo Kid’ a la que muchos le cogimos cariño. Sus responsables vuelven a Sitges con ‘Summer of ‘84’ (François Simard, Anouk Whissell, Yoann-Karl Whissell), una revisitación de ‘Noche de miedo’ en clave psychokiller. Su protagonista es un preadolescente de los suburbios que, convencido de que su vecino es un asesino en serie, arrastrará a su pandilla a una investigación casera para descubrir la verdad que oculta el vecindario. Acogida floja para una cinta con pocos defensores, quizás debido a su tedioso ritmo y a la sensación de que uno debe esperar demasiado para ver cómo se desarrolla su -frustrante- tercio final. Una lástima, más viniendo de los responsables de un éxito tan importante en ediciones pasadas.

La tarde se ha desviado un momento al mítico Retiro, donde el equipo de ‘The Head’ (Jordan Downey, 2018) ha presentado su particular apuesta de fantasía/terror minimalista. Rodada con un equipo de apenas cuatro personas, la película cuenta la historia de un cazador de criaturas que espera la reaparición del demonio que le arrebató la vida a su hija. Una historia de fuego lento y cortísima duración que arrastra sus condiciones low-cost a una propuesta que, quizás, pedía algo más. Aún así se agradece su idea de acercarse a la mitología nórdica, especialmente en un tercer acto con un par de ideas originales a las que el público ha respondido a base de aplauso.


Se abrieron las puertas del infierno -o de un Mercedes- y apareció ÉL: Nicolas Cage, el ganador del Oscar con más imágenes colgadas en Internet de la historia para presentar Mandy (Panos Cosmatos, 2018), la segunda película del inclasificable hijo de George Cosmatos (‘Cobra’, ‘Rambo II’). Un Cage agradecido por el premio honorífico ha dado paso a esta obra maestra traída directamente de los infiernos, una ópera de heavy-metal contada a fuego lento y mucha, mucha metalurgia. Una historia de venganza que, de nuevo, ha dividido a un público que la separa entre tomadura de pelo y película del año. Si el jurado de la sección oficial quiere fiesta solo tiene que hacer lo justo y alzarla como mejor película del festival.


(Ron Perlman recogiendo el premio Máquina del Tiempo. Foto: Alejandro Antón)


La buena racha ha cerrado la noche, primero con ‘Chuck Steel: Night of the Trampires’ (Micahel Mort, 2018), una cinta de animación stop-motion que combina vampiros, vagabundos y héroes ochenteros en una entretenida aventura de acción. Una animación realmente trabajada y una concatenación de la tontería que ha hecho las delicias del público en el Prado.

El segundo cierre por lo alto ha sido el de ‘May The Devil Take You’ (Timo Tjahjanto, 2018), la otra película del director indonesio en esta edición de Sitges un día después de volarnos la cabeza con ‘The Night Comes For Us’. Cambiando la acción frenética por el terror satánico en estado puro, la historia nos desplaza a una vieja casa familiar, lugar en el que un viejo pacto con el demonio desembocará en una noche de posesiones, apariciones y demás bondades con las que tardarás unas semanas en dormir. Segunda película terrorífica del día y una auténtica gozada que se coloca directamente en el top del festival. Tjahjanto comienza a ser nombre de garantía.

Mañana se podrán ver más películas a competición, como la ‘Under The Silve Lake’ de David Robert Mitchell, la albana -pero con director valenciano- ‘The Invocation of Elver Simaku’ o las muy esperadas ‘Arctic’ (con Mads Mikkelsen) y ‘Luz’. Además, veremos en exclusiva los pilotos de ‘La maldición de Hill House’ y la nueva ‘Sabrina’ de Netflix. Estad atentos, esto no ha hecho más que comenzar.