Semana de Terror de San Sebastián 2019: Resumen del lunes 28

Lejos de la tranquilidad que cabría esperar de un lunes laboral, sorprende la ingente cantidad de horrófilos y curiosos congregados.
Lejos de la tranquilidad que cabría esperar de un lunes laboral, sorprende la ingente cantidad de horrófilos y curiosos congregados por la trigésima edición de la Semana de Terror de San Sebastián. A pie de cine, patrullando exposiciones o disfrutando actividades paralelas, el ambiente festivo no da respiro en las entrañables callejuelas de Donosti, y no es para menos.

El Teatro Principal abrió sus puertas con la habitual tanda de cortometrajes, focalizados en esta ocasión en el marco de la animación, entre los más destacados: “Abe’ Story”, “Skeleton in the Closet” y el desternillante, por su imprevisible simpleza, “Maestro”. Con una destreza técnica impecable en la mayoría de los casos, dentro de sus múltiples modalidades (tradicional, 3D, stop motion, tiza, etc), el gran “pero” general cayó del lado conceptual, como suele afectar al grueso de cortos de animación de autor: demasiada ambición y muy poco tiempo para desarrollar sus ideas, confusas y atropelladas, que provocaron más indiferencia que emociones o reflexiones, como bien reflejó la fría reacción del público.

La ronda de películas del lunes corrió a cargo del continente asiático. A las 17:00 pudimos disfrutar de la que se sería la gran triunfadora de la jornada, la tailandesa “The Pool”, de Ping Lumphapleng. Quienes quedaron a medias con la descafeinada “Infierno bajo el agua” (Crawl), tienen una segunda oportunidad para gozar del cine de cocodrilos, con mucho menos presupuesto que la película de Alexandre Aja, pero el doble de inventiva y mala baba. Lumphapleng se saca de la manga una comedia negra de situaciones en habitación cerrada donde el protagonista, más que enfrentarse a un cocodrilo en una piscina, se enfrenta a la mismísima Ley de Murphy encarnada. Si algo puede salir mal, saldrá peor. La habilidad de hilar tensión, drama y patetismo en progresión aritmética y sin descanso no tiene precio, podría colar tranquilamente dentro de la saga “Destino Final”.


(The Pool)


La locura no abandonó el Teatro por mucho tiempo. Como una pausa antes de la tempestad, el corto telonero “The Burden”, venido de Holanda, reseteó el ánimo de los asistentes con un relato oscuro, sobrio y perverso, quizás un poco largo, pero eficaz en su propósito de crear inquietud y dejar mal cuerpo. Un contraste que se agradece, dado que iba a dar comienzo el delirio japonés de rigor, y estábamos a punto de pasar de 0 a 100 en un instante. “Rise of the Machine Girls”, secuela de la infame saga perpetrada por nuestros macarras nipones favoritos, Noboru Iguchi y Yoshihiro Nishimura, nos recordó con calderadas de amputaciones, desmembramientos, tetas y culos, humor zafio, gore digital y kilos de látex el viejo encanto bizarre del neo-splatter japonés, que al parecer se resiste a pasar página. Divertida y complaciente hasta cierto punto con el público cafre, que por las reacciones arrancadas ya está un poco cansado de la fórmula, pese al esfuerzo mayúsculo del pupilo aventajado de los mentados, Yuki Kobayashi.


La gran promesa del festival, en palabras de Josemi, “It Comes” (Kuru), nos dejó a casi todos planchados en la butaca. El director de las muy decentes “El mundo de Kanako” y “Confessions”, Tetsuya Nakashima, firma un J-Horror de posesiones, exorcismos y matrimonios fallidos un tanto espeso, apático, deslavazado entre constantes saltos en la línea de tiempo y, aunque atmosférico, poco inspirado en su puesta de escena. Demasiado larga, demasiado desangelada. La agonía de los presentes se acabó contagiando a media sala en el tercer acto de la película, que parecía, literalmente, interminable. Kaidan en horas bajas, aunque siempre interesante, y puede que más en otra franja horaria.


(IT COMES)


Etiquetas: Festivales - Donostia 2019