Retro-Crítica de "Why Don´t You Play in Hell" (*****). Amor puro al cine de la mano de Sion Sono

La película disponible en Filmin que es un ejercicio de metacine que hará las delicias de los fans del séptimo arte
Sion Sono se caracteriza por tres aspectos esenciales: estar zumbado, sobrepasar el límite cada vez que puede y, una vez alcanzado, multiplicarlo por dos. Se cumple, obviamente que se cumple, con la demencial, histérica, maravillosa Why don´t you play in hell? Era algo obvio. Pero, en serio, nadie (NADIE) podría prevenir la absoluta orgía de caos, crescendo, metacine y pasión que aparecen por la que marca, sin duda alguna, un punto referencial en el resto de su filmografía.

La última película del japonés es la carta de amor al cine más salvaje y descarnada jamás filmada. Un reverso negativo al Cinema Paradiso de Tornattore, primo maligno y obra maestra total, como mínimo para el que acepte la exageración como forma de contar historias, rebasando el ultragore japonés que tanto daño le puede hacer a este, en serio, peliculón de cabo a rabo. Sono es capaz de citar (y mostrar!) a Kurosawa, Capra o a Tarantino en los mismos 120 minutos. Esto último ya es rizar el rizo: la primera vez que un director japonés "homenajea" a Tarantino de la misma manera que Tarantino homenajeaba a sus referentes japonés. Rizo, bucle, círculo. Maravilloso.

Además es capaz de llegar del punto A al punto C, siendo A el nivel del mar y C el de Marte, con una linea de in crescendo tan bien estructurada que entra sola. Poner una secuencia del final junto a una del inicio seguramente no encajarían, pero a la que añades los puntos intermedios (el B), la cosa toma sentido. Sin pestañear, del anuncio de dentífrico a... bueno, es mejor verlo para creerlo. Porque, y sobretodo en su tercio final - donde la película ya te ha ganado por goleada - comienzan las reacciones de 1) manos en la cabeza, 2) manos en la boca, 3) aplauso desmedido y 4) repetir.

Y el maldito bastardo encima hace cine. Pero cine, en serio. Me imagino a toda una generación de cineastas post-modernos tirándose por la ventana, porque el maestro ha superado a las nuevas generaciones. Tiene una energía, unas ganas de lanzarlo todo por la ventana, pero al mismo tiempo tanta sabiduría en ella, que es imposible no caer rendido a sus pies. Aunque funciona todo como una gran comedia, la locura no aparta al arte, al igual que sus personajes nunca dejan la cámara para rodar la película definitiva. Quitadle las capas (muuuuchas) de hemoglobina, y alucinaréis aún más con lo que está contando.



¿Cuánto cuesta hacer cine? ¿Cuáles son mis dudas como artista? ¿El cine se puede comer a la realidad? La madre que lo parió, si hasta lanza su mensaje pro-35mm. Con yakuzas, katanas, gore y artes marciales de por medio, forzando la parodia del cine japonés más conocido para criticar y enseñar divirtiendo. Convertirse en maestro, pero ahora de manera literal. Y visceral.

Probablemente alguien, en algún lugar, levante la voz para aclamar que Why don"t you play in hell? es la nueva Ichi the killer, tanto por sus similitudes como por sus diferencias. Que me avisen cuando se levante esa bandera, porque iré detrás a levantarla al más puro estilo Iwo Jima. Con orgullo y abanderado del cine; como víctima de Sion Sono y de sus ganas, de verdad, pasionarias de gritar que esto es arte. Aunque sea a base de ríos de sangre y vísceras, gritemos todos en japonés: VIVA EL ARTE, VIVA EL CINE.


Lo mejor: la absoluta locura y demencia esparcida por todo el metraje, su asombroso crescendo y su multicapa cinematográfica que la hará pervivir en la memoria.

Lo peor: la exageración de la propuesta le negará un puesto que merece.


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