Retro-Crítica: "Contagio", de Steven Sodenbergh

Distante, hiperrealista, paranoica, detallista, todos estos son adjetivos que pueden encajar con la película...
Un ser humano se toca de 2.000 a 3.000 veces al día la cara. Luego esas manos tocan cosas como pomos de las puertas, cubiertos, vasos, otras personas incluso... ¿Con qué rapidez se puede transmitir un virus de la gripe con este escalofriante dato? ¿Y si esa gripe produjera muerte en un 30% de los casos? ¿Hasta dónde estaríamos a salvo? Con estos datos Steven Sodenbergh construye su última película, una “supuesta” vuelta al cine (aunque nunca se fue) después de la normalita ‘The Girlfriend Experience’. Sodenbergh es un director con una carrera tan diversa que es capaz de todo, tanto en los géneros que toca como en la calidad final del producto, así que cada nueva cinta que estrena es toda un enigma.

Esta vez el director norte-americano ha vuelto a mimetizarse con la historia que estaba contando y a canalizar su energía como realizador a través de planos (en algunos casos, planazos) muy estáticos, con movimientos suaves, de tono frío y detallista. Es curioso porque, aunque todas sus películas son muy diferentes, tienen algún hilo común, un estilo narrativo de subtexto o simplemente una sensación que las conecta, quizás dando a entender que se trata de un director con una presencia de autor más importante de la que la gente se cree.

En este caso otro de los grandes aciertos, al igual que fue aquella Oscarizada ‘Traffic’, son los actores. El elenco está lleno de caras conocidas, pero están tan bien equilibradas y tratadas como personajes secundarios que es hasta para aplaudir como el montaje los trata. Todos en general están estupendos, pero Jude Law y Kate Winslet hacen gala de un talento nato cuando aparecen por la pantalla. Quizás el que más aparezca en toda la película sean Matt Damon y Laurence Fishburne, cada uno sin llegar a los 20 minutos completos durante la cinta. Todos son secundarios, de lujo quizás, pero secundarios, lo cual la hace ganar aún más puntos.

Llama la atención lo fría y distante que es la película respecto al espectador. Excepto por un breve momento de emoción, el film planta la cámara delante de una horrible situación contada con tanto realismo que, en sus comienzos, recuerda los breves momentos de pánicos vividos con la gripe aviar o la porcina, para luego mostrar algo muy parecido a lo que hubiera sido en caso de que aquellos horribles virus se hubieran comportado como los catastróficas dijeron que harían. Ayuda el guion matemático que todo lo mueve hacia delante y la fotografía azulada, helada, del invierno que vive el mundo en esa película, así como los planos detalle de lo que tocan los personajes en todo momento, pura paranoia visual.

De ese guion calculador puede que no acabe de encajar su tercer acto, cuando la película tiene que decidir hacia dónde va y si se acomoda con lo ya visto en otras películas de este estilo o tira hacia delante sin mirar atrás. No desvelaremos aquí lo que pasa al final, pero sí que se echa en falta un clímax más cinematográfica y menos frío, aunque vaya totalmente cogido de la mano del resto de la película, aunque la conclusión (ese último minuto) sea para quitarse el sombrero de nuevo.

Distante, hiperrealista, paranoica, detallista, todos estos son adjetivos que pueden encajar con Contagio, quizás una de las películas sobre enfermedades virulentas más terrorífica y alejadas de la ficción que se hayan visto en mucho tiempo. Ni sarpullidos asquerosos, ni mutaciones, ni nada espectacular: una simple gripe devasta todo lo que pasa, con sus toses, sus mocos, sus dolores de cabeza y su fiebre. Lo que puedes coger la próxima vez que se te olvide el abrigo en casa. Al acabar de verla iréis corriendo a lavaros las manos. Como mínimo.

Lo mejor: Sodenbergh, su reparto y lo poco espectacular que pretende ser, cosa que asusta aún más.

Lo peor: El tercer acto y que es demasiado consecuente con su propuesta hiperrealista, sin importarle el ritmo en exceso.


Por Carlos Marín.

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