Crítica de "She Dies Tomorrow", el regreso al universo mumblegore de Amy Seimetz
El nuevo trabajo de Amy Seimetz que ha podido verse en el Festival de Sitges
No eran los tiempos más fáciles para vivir. Ahora, con un virus aterrador diezmando vidas y destruyendo economías, es claramente peor. Pero antes -concibiendo el antes como aquel extraño mundo de 2019 en el que la gente se abrazaba- vivir en el primer mundo, con todas nuestras ventajas y supervivencia asegurada, nos dejaba solos frente al infinito. Frente a la ansiedad, la depresión, la falta de objetivos. Efectivamente y a riesgo de repetir, problemas del primer mundo que dicen. Esto es lo que parece abordar She Dies Tomorrow (Amy Seimetz, 2020), el segundo largometraje de una directora que, en cualquiera de sus facetas, siempre ha estado ligada al género más independiente y alternativo. O, como muchos lo etiquetamos y que aquí podemos volver a aplicar, el universo mumblegore.
Amy va a morir mañana. Lo sabe. No tiene ninguna prueba, ni ninguna enfermedad. Pero sabe, con convicción, que mañana será su último día en la Tierra. Arrastrando los pies, sucumbiendo al alcoholismo del que parecía haberse librado, Amy pasa sus últimas horas en un estado de profunda tristeza. No es hasta que llegue una amiga cuando esta convicción parezca, de manera inexplicable, verse contagiada entre humanos. Pronto un grupo de personas, eslabones en una cadena de conversaciones, estarán convencidos que van a morir mañana. Esta premisa, interesante y con mil posibilidades, es todo lo que ofrece la película. Ni más, ni menos: personajes siendo conscientes que van a morir mañana, que ya no hay nada que hacer.
La película podría ser una pieza de cámara o un trabajo semi-teatral, inspirado en los universos de improvisación de Cassavettes. Sin embargo, el guión también escrito por Seimetz busca la sencillez, el costumbrismo. Y eso, por desgracia, arrastra la película al lodo. Si los personajes no tienen nada interesante que decir, si la premisa no evoluciona más allá de ella misma, ¿qué nos queda?, ¿qué podría atraernos de este mundo, esta historia, una vez superada las etapas de ansiedad y depresión? Quizás la respuesta está en esos microuniversos que uno de los personajes busca retratar, momentos psicodélicos que le dan una capa casi de horror cósmico al conjunto. Lástima que sean momentáneos y, aunque tengan mucho que ver con el código visual de la película (está llena de esos mismos colores y hablan de la infinidad del universo) no consigan remontar el conjunto.
De nuevo, el mumblegore parece la clave: cine de guerrilla, rodado en las casas del mismo equipo, entre amigos y con un presupuesto mínimo. She Dies Tomorrow es un buen ejercicio de partida, pero su falta de desarrollo y su insistencia en dar un empaque visual a una propuesta tan limitada la dejan en ese terrible lugar de “conectas o no”. Si durante los primeros minutos también sientes esa tristeza, esa apatía, esa falta de esperanza, la película te lo va a volver a dar en paladas. Pero si no es así verás las costuras, las decisiones torpes de los personajes (cierto momento en el hospital…), las ganas de decir algo trascendental que, sin embargo, podría resumirse en dos breves escenas. Sea como sea, el resultado asegurado es... triste. Bienvenidos al primer mundo.
Lo mejor: sus viajes al microuniverso, jugueteando con el horror cósmico.
Lo peor: se acaba la mecha en pocos minutos.
Por Carlos Marín.
Amy va a morir mañana. Lo sabe. No tiene ninguna prueba, ni ninguna enfermedad. Pero sabe, con convicción, que mañana será su último día en la Tierra. Arrastrando los pies, sucumbiendo al alcoholismo del que parecía haberse librado, Amy pasa sus últimas horas en un estado de profunda tristeza. No es hasta que llegue una amiga cuando esta convicción parezca, de manera inexplicable, verse contagiada entre humanos. Pronto un grupo de personas, eslabones en una cadena de conversaciones, estarán convencidos que van a morir mañana. Esta premisa, interesante y con mil posibilidades, es todo lo que ofrece la película. Ni más, ni menos: personajes siendo conscientes que van a morir mañana, que ya no hay nada que hacer.
La película podría ser una pieza de cámara o un trabajo semi-teatral, inspirado en los universos de improvisación de Cassavettes. Sin embargo, el guión también escrito por Seimetz busca la sencillez, el costumbrismo. Y eso, por desgracia, arrastra la película al lodo. Si los personajes no tienen nada interesante que decir, si la premisa no evoluciona más allá de ella misma, ¿qué nos queda?, ¿qué podría atraernos de este mundo, esta historia, una vez superada las etapas de ansiedad y depresión? Quizás la respuesta está en esos microuniversos que uno de los personajes busca retratar, momentos psicodélicos que le dan una capa casi de horror cósmico al conjunto. Lástima que sean momentáneos y, aunque tengan mucho que ver con el código visual de la película (está llena de esos mismos colores y hablan de la infinidad del universo) no consigan remontar el conjunto.
De nuevo, el mumblegore parece la clave: cine de guerrilla, rodado en las casas del mismo equipo, entre amigos y con un presupuesto mínimo. She Dies Tomorrow es un buen ejercicio de partida, pero su falta de desarrollo y su insistencia en dar un empaque visual a una propuesta tan limitada la dejan en ese terrible lugar de “conectas o no”. Si durante los primeros minutos también sientes esa tristeza, esa apatía, esa falta de esperanza, la película te lo va a volver a dar en paladas. Pero si no es así verás las costuras, las decisiones torpes de los personajes (cierto momento en el hospital…), las ganas de decir algo trascendental que, sin embargo, podría resumirse en dos breves escenas. Sea como sea, el resultado asegurado es... triste. Bienvenidos al primer mundo.
Lo mejor: sus viajes al microuniverso, jugueteando con el horror cósmico.
Lo peor: se acaba la mecha en pocos minutos.
Por Carlos Marín.
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