La nueva versión del estupendo título lanzado en los años noventa en Super Nintendo
Versión Analizada: Switch 2
El regreso de un clásico a los sistemas modernos siempre es un terreno pantanoso. Cuando ININ Games y el estudio Kritzelkratz 3000 (KK3) anunciaron R-Type Dimensions III, las expectativas de los fans se dispararon. Y no es para menos, ya que se trata del remake del legendario título de Super Nintendo que maravilló (y frustró) a usuarios a partes iguales debido a su extrema dificultad.
Afortunadamente, el gran acierto del juego original se sigue conservando en esta nueva versión, ya que volvemos a tener la opción de elegir entre tres tipos de Force antes de empezar cada partida: el Round Force (el clásico estándar de la saga), el Shadow Force (ideal para cubrir múltiples ángulos de ataque) y el devastador Cyclone Force. Saber exactamente cuándo llevar el módulo acoplado para absorber disparos y cuándo lanzarlo hacia adelante para que arrase las filas enemigas de forma autónoma es lo que define la victoria del fracaso.
El principal reclamo de R-Type Dimensions III es su lavado de cara visual. Siguiendo la estela de las entregas anteriores en la subserie Dimensions, el juego cuenta con un modo 3D que reconstruye desde cero los modelados de las naves, los enemigos y los fondos. A simple vista, el trabajo del estudio KK3 resulta llamativo y muy colorido, pero en el momento de tomar el mando la perspectiva cambia radicalmente.
El modo 3D incorpora opciones de cámara inclinada (el llamado modo dinámico o crazy) que, si bien luce espectacular en los tráileres promocionales, en la práctica entorpece bastante la jugabilidad. Aplicar una perspectiva ligeramente isométrica en un shoot "em up de desplazamiento lateral estricto altera negativamente la percepción de la profundidad del jugador. Esquivar balas al límite se vuelve confuso, y la generación de enemigos en el escenario queda telegrafiada de una forma que le resta muchísima tensión al brillante e impredecible diseño de niveles de 1993.
A este problema de perspectiva hay que sumarle que los gráficos modernos sobrecargan de información visual la pantalla. El ejemplo perfecto se encuentra en el infame laberinto de lava del cuarto nivel. Si este tramo ya representaba un pico de dificultad salvaje en su época, con los nuevos efectos de iluminación, los reflejos y las partículas ambientales, distinguir los proyectiles enemigos del fondo resulta una tarea agotadora. Por suerte, los desarrolladores han mantenido una función salvavidas esencial: con solo presionar un botón, se puede alternar en tiempo real a los gráficos 2D de 16 bits originales. Quienes busquen un control total sobre la acción acabarán jugando casi todo el tiempo en este formato clásico.
Históricamente, R-Type III ha sido conocido por su extrema dificultad. Para suavizar este impacto en las nuevas generaciones de jugadores, Dimensions III introduce el muy acertado Modo Infinito. En esta variante, el contador de vidas desaparece y los puntos de control se eliminan; si la nave es derribada, reaparece en ese mismo instante sin perder progreso. Resulta ser una herramienta excelente para que el público menos experimentado pueda disfrutar de los impresionantes combates contra los jefes finales sin abandonar por pura frustración.
Para los puristas se reserva el modo Clásico, que preserva la estructura de ensayo y error original. Esta nueva versión elimina por completo las famosas ralentizaciones del juego de Super Nintendo. Aunque pueda parecer absurdo quejarse de que un juego corra a 60 fotogramas por segundo de forma inquebrantable, en los títulos de esa década el slowdown actuaba como una mecánica accidental que daba un respiro cuando la pantalla se saturaba de peligros. Al desaparecer estas caídas de rendimiento, la dificultad real del título ha experimentado un aumento notable para los más veteranos.
Pese a sus puntos mejorables - que los tienes - el tener de vuelta al emblemático R-90 Ragnarok justifican que este clásico haya teneido este lavado de cara. Y es que en el fondo, sigue siendo un shoot "em up sobresaliente e histórico. Para cualquiera que decida enfrentarse hoy al imperio Bydo, la recomendación práctica es clara: ignorar las cámaras en 3D, pulsar el botón de alternancia para abrazar los píxeles originales y prepararse para uno de los retos arcade más puros que existen.
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