Tras el éxito de ‘Barbarian’ y ‘Weapons’, dos de las películas de terror más aclamadas de los últimos años, todos esperábamos con ganas la tercera película de Zach Cregger. El realizador ha salido al rescate de la saga ‘Resident Evil’, presentándonos su propia historia ambientada en el universo de la saga de videojuegos que tanto ama, ya que fue él mismo quien contactó a los propietarios de los derechos para poder llevarla a cabo.

Tras siete adaptaciones cinematográficas -aparte de las versiones animadas- que fueron decayendo en calidad y críticas, este cineasta intenta empezar de cero con su propia película, eliminando a la Alice de Milla Jovovich de la franquicia cinematográfica anterior y a Leon Kennedy de la saga de videojuegos. Zach nos presenta al mensajero médico Bryan, interpretado por Austin Abrams, al que le encargan llevar algo en una tormentosa noche al hospital de Raccoon City, una tarea que desearía no haber aceptado. Tras los primeros diez minutos ya estamos en mitad del meollo, en una carretera helada en medio de las montañas y la peor noche en la vida de este personaje acaba de empezar. De esta manera, Cregger se lanza a presentar la acción de manera directa, regalándonos un tren de la bruja de lo más divertido y sangriento, perfecto para disfrutar en una sala de cine con palomitas.



El director maneja la cámara como nadie, ofreciéndonos algunos increíbles sustos y secuencias llenas de tensión, usando el punto de vista del protagonista en numerosas ocasiones, aportando esa sensación de estar jugando un videojuego durante todo el metraje, un juego lleno de terror y comedia en el que vamos pasando diferentes pantallas. Precisamente este punto de vista subjetivo hace que los sustos sean mucho mas efectivos, teniendo algunos jump scare bastante impactantes.

Si tenemos que poner un pero es que en su segundo acto hay un excesivo uso de momentos cómicos, pensados para aliviar la tensión que no se detiene en ningún momento, restando un poco de peso a la gran y terrorífica atmosfera que han construido alrededor de toda la película. A pesar de esto, Cregger hace un genial trabajo al trasladar la esencia del juego al formato cinematográfico, mostrándonos a un protagonista cuya confianza y habilidades van creciendo con el paso del tiempo, usando también el lenguaje meta en varios momentos, repleta de guiños para los fans, y teniendo algunas secuencias especialmente llamativas e icónicas.

Sin hacer spoilers, el momento caravana o ese final al más puro estilo kitsch son totalmente dos de las secuencias más oscuras y a la vez divertidas del metraje, siendo evidente el gran homenaje a ‘La Cosa’, de Carpenter. Además, también cabe destacar el trabajo de Austin Abrams, que está totalmente creíble y natural metiéndose en la piel de ese mensajero torpe y caótico, uno que bien podría ser pariente de su personaje de ‘Weapons’. El joven actor hace su trabajo a la perfección y nos regalarnos una enorme naturalidad en los momentos más cómicos y aterradores sin inmutarse.



‘Resident Evil’ es la consagración definitiva de Zach Creger. Su mejor película y una divertida, sangrienta y terrorífica película de 95 minutos sumamente entretenidos que se sienten como una gran secuencia de hora y media en la que apenas tenemos respiro. Un título perfecto para sentarnos a disfrutar de este videojuego convertido en cine que hará las delicias de los fans de esta franquicia (al menos a los que no buscan una adaptación 1:1 de un videojuego) y de todo amante del terror.

Lo mejor: su dirección, acción frenética y Austin Abrams
Lo peor: esos toques cómicos.

Pablo Pastor.