CRÍTICA DE X-MEN: APOCALIPSIS

Por Francis Díaz Fontán
 
Novena película de la saga (contando, evidentemente, Deadpool, a pesar de su enorme distancia con la saga central, ya enormemente desordenada), cuarta película de la saga dirigida por Bryan Singer, y tercera en adornar la acción con el tema musical que John Ottman (también montador de la cinta) compuso para X2: XMen United (2003). Ha llovido mucho, se han cambiado miembros del cast, rediseñado elementos del pasado, reescrito tramas enteras y re-introducido personajes -que ya se habían presentado en la saga- con un tono totalmente distinto a su anterior encarnación, y, en general, se han demostrado dos cosas: 1: Que puedes resucitar una franquicia sin hacer reboot, sin remodelar completamente el casting, y sólo re-escribiendo determinados elementos; y 2, aunque íntimamente relacionada con la primera: Que la continuidad, la estructura, el orden y la coherencia en la secuencia de acontecimientos en una saga, siempre, siempre, estará por detrás de la creatividad.

Eso es lo que todos saboreamos en las dos anteriores entregas, X-Men: First Class (2011), y X-Men: Days Of Future Past (2014), que contradijeron enormemente eventos narrados en las anteriores películas, y sin embargo, dejaron un gran sabor de boca haciendo lo que una película tiene que hacer, contarnos una historia estimulante, mostrándonos contenidos interesantes, y emocionándonos con sus personajes.. Después de haber visto este año la tercera versión cinematográfica de Spiderman del siglo, es una gozada ver cómo otros afrontan los problemas a su manera, sin hacer borrón y cuenta nueva, recordándonos que en el mundo de la ficción no deberíamos estar buscando la coherencia con regla, sino asumiendo que esto sigue siendo una obra artística de diferentes autores, y que esas incoherencias de continuidad pueden no ser sólo comprensibles, sino incluso disfrutables.

En cualquier caso, esas pequeñas (o a veces grandes) licencias creativas que desafían el orden y el contenido de determinados acontecimientos se empezaron a producir hace ya tres películas -cuando Lobezno se enfrentó a un Sabretooth que nada tenía que ver con el que interpretó Tyler Maine años antes- con lo que sería ridículo seguir protestando en ésta de que Ángel no cuadra con su versión de 2006 o que Jubilee siempre está en edad de instituto, no importa la década. Ya nos avisaron de eso en 2009 y 2011, si no te gustó, no sigas viéndolas, porque no llegará el capítulo en que te justifiquen por qué la edad de Kitty Pride disminuyó entre la primera y la segunda peli.

Dejando esta reflexión a parte, X-Men: Apocalipsis trae consigo un planteamiento más que interesante, un estilo visual estimulante (muy al nivel de las dos anteriores), pero, desgraciadamente, unos problemas de ritmo que afectan a toda la experiencia, y un tercer acto mucho menos interesante que el principio de la peli. No es la primera vez que ocurre esto, en 2006, X-Men: La Decisión Final nos dejó igualmente ese sabor de boca a falta de clímax, a falta de interés en el final, algo que afectó mucho a la franquicia, y, sin ser una película terrible, la pérdida de calidad respecto a la anterior dejó a los aficionados muy descontentos.

Una vez más, como en X-Men (2000), Singer usa a los personajes como herramientas de la trama, para que luchen aquí, o corran hacia allá, pero sin darles gran cosa que decir en cuanto al drama se refiere, y mientras Matthew Vaughn supo afrontar el elemento coral con mucha más maña en su First Class, o incluso Ratner supo otorgar un mínimo discurso emocional a todos sus personajes, Singer vuelve a empequeñecer el universo dramático en pro del elemento narrativo.

Podemos concluir que X-Men: Apocalipsis, siendo un descenso de calidad respecto a las dos anteriores, y estando por debajo en de Deadpool en el ranking de “pelis mutantes de 2016”, sigue siendo superior que X-Men III: The Last Stand, y si bien la podemos definir como normalita, no deja de ser una peli aceptable, con elementos reseñables, y momentos memorables, que consigue, que no es poco, dejarte con ganas de ver la siguiente. Asumiendo que ésta es, en cierto modo, la tercera peli de la segunda trilogía mutante, como The Last Stand lo fue de la primera, se podría afirmar lo que uno de los personajes dice durante la película, “te puede gustar más la primera o la segunda, pero está claro que la tercera es la peor”.

Lo mejor: Peter Maximoff/Mercurio, no digo más, es simplemente de lo mejor de la peli, y uno de los mejores mutantes de toda la saga. El diseño de Apocalipsis es mucho mejor de lo que nos pareció al principio, y en general, el vestuario es más elaborado, más imaginativo, e incluso, en ultima instancia, muchísimo más fiel que aquellos monos de cuero de motorista de las primeras películas.

Lo peor: El desenlace es muy largo, con momentos que se llevan demasiado bombo mientras nos dejan indiferentes, y el plan del malvado, igual que en Superman Returns (Bryan Singer, 2006) es demasiado simple para el tiempo en pantalla y la sustantividad argumental que se acaba llevando.
 
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