CRÍTICA DE ESCUADRÓN SUICIDA

Por Manuel Mañero
 
Fans y neófitos se han dado una tregua en el cosmos freak con esta adaptación de Warner tan depauperada por la crítica original: pero Escuadrón Suicida es una película construida descaradamente para el recreo. Tanto que a menudo salta de escena en escena evitando el vacío, algo que logra en contadas ocasiones y siempre con la ayuda de unos efectos medidos y una banda sonora muy variadita que maquilla el producto aún más de lo esperado –algo que muchos se temían tras el estreno del inolvidable primer tráiler al ritmo de Bohemian Rapsody-.

Si bien el espectador que llamaremos neutro percibirá en la película una desorganización de manual –mal a menudo imputable a las adaptaciones- que sin embargo puede no ensuciar su rato en el cine, el conocedor del universo DC puede llegar a salir gravemente herido de la experiencia. Que la película finalmente soslayara los complejos mundos interiores de todos los antihéroes, presentándolos como en fríos facsímiles y preparando el visionado general, es la razón principal. Pero el desarrollo de la historia y la atribución al villano principal actúan de catalizadores, por lo que se entiende que Escuadrón Suicida sea insuficiente y quizá hasta infantil para un fiel a la saga.

Hay algo sí ponderable en lo que Escuadrón Suicida sirve al público: que es brutalmente honesta. Desde el minuto uno se entrega a dos personajes –no es difícil averiguar cuáles: Will Smith y Margot Robbie- y esto provoca que otros con potencial como sin ir más lejos el de Jared Leto recogiendo el papel de Joker resulten secundarios demasiado livianos. Claro que, dado lo caprichoso del mercado, quién podría atreverse a aventurar que a este carácter no le tienen reservada una alfombra roja nominativa sobre la que recrearse en un futuro que prolongue la vida de la serie. Respecto a los principales, división de pareceres: Smith hace de Smith (parece haber recuperado la fe que perdió en la industria, pero papeles de cabeza ladeada y mueca desdeñosa ya le hemos visto unos cuantos) y lo de Margot va aparte. Su personaje, además de sobradamente sexualizado (con los matices necesarios para un PG-13) encabeza casi la totalidad de las escenas más relevantes de la película, pensadas para su completo y obvio lucimiento: Harley Quinn es la apuesta descarada de esta primera entrega, riesgo al que es mejor presentarse sin prejuicios. Porque la verdad es que Margot luce y hace lo suyo. Es la vértebra canalla entre los dos mundos que se pelean los restos del trabajo.

Más allá de las consideraciones particulares hay muy poco más, a excepción de una sorprendente y muy bien escondida Cara Delevingne. Cameos del mundillo que merece la pena encontrarse en la butaca y un tramo intermedio respetable son, estirando las dádivas, otros puntos a favor de Escuadrón Suicida. La pena real, última y definitiva es que el resto desequilibren tanto la balanza: personajes descuidados, perfiles vagos, desenlaces y apartes forzados y fundamentalmente esa comentada anarquía narrativa hacen de la película un descontrol veraniego considerable. Algo que se le perdonaría, como se hace tan a menudo tristemente, a otros trabajos sin el presupuesto, las pretensiones y la capacidad de recreación que Escuadrón Suicida ha desechado en esta oportunidad. Sin embargo, es de justicia reconocer que como subproducto pasa el corte sin problemas. A las adaptaciones, es preciso recordar, es mejor ir llorado de casa.

Lo mejor: la banda sonora y el interés que Margot Robbie pone en sobresalir sobre personajes conscientemente desplazados

Lo peor: demasiadas soluciones imperdonables incluso para una película de antihéroes, su arbitrariedad rítmica y el desaprovechamiento de recursos tangentes a la historia original
 
CRÍTICAS RECIENTES