THE GINGERDEAD MAN (2005), de Charles Band

Condenado: Millard Findlemeyer, alias: “El Hombre de jengibre”

Cargos: Atracar y asesinar a la familia Leigh.

Ejecución: Silla eléctrica.

Millard fue enviado a la silla eléctrica gracias al testimonio de Sarah, miembro superviviente de la familia que él había asesinado. En venganza, la madre de Millard mezcló las cenizas del psicópata con harina y dejó el paquete en la panadería donde trabajaba Sarah. Un accidente en la cocina hizo el resto; Millard volvió a la vida gracias a una mezcla de harina pastelera, cenizas, sangre, y un cortocircuito en el horno, reencarnado en una diabólica galleta de Hombre de Jengibre.

Charles Band es un hombre con las ideas claras; raras, pero claras. Su Productora de serie B, la mitiquísima “Full Moon”, se ha convertido con los años en una fábrica inagotable de monstruos y viles muñecos entrañables, como “Demonic Toys”, “Puppet Master” o “Evil Bong”, que además tienden a perseverar en sagas interminables y abundante merchandising. “Gingerdead Man” añade otra muesca en la colección de monigotes frikis de Band, pero no una cualquiera. La infame galleta malhablada salió caliente del horno, y a lo tonto ya cuenta con dos secuelas (cada cual más bizarra) y un crossover con “Evil Bong”, alcanzado un status de culto dentro del cine cáspico en tiempo record.