ELECTROSHOCK (Heartstopper, 2006), de Bob Keen

Condenado: Jonathan Chambers

Cargos: Asesinar a numerosas víctimas y arrancarles el corazón.

Ejecución: Silla eléctrica.

Tras achicharrar a Jonathan Chambers en la silla eléctrica, el sheriff Berger traslada el cadáver carbonizado al hospital. La ambulancia se detiene de camino para recoger a Sarah Wexler, una marginada de instituto cuyo destino parece estar vinculado al asesino. Chambers, que había pactado su inmortalidad con el diablo a cambio de corazones, resucita en el hospital y continúa su ola de asesinatos, mientras busca desesperadamente a Sarah Wexler para reemplazar su cuerpo por el de la chica.

“Electroshock” es la última película (hasta la fecha) dirigida por Bob Keen (“Proteus”, 1995), aunque en la industria es más conocido y reconocido por su intachable labor en efectos especiales, que es sin duda el punto más elaborado de esta película. Más allá del dudoso carisma que pueda albergar el asesino, con sus tatuajes de cani y su repertorio de citas bíblicas, del rumiado guión, mil veces visto y mejor contado, o del insulso cameo de Robert Englund autoreferenciándose, lo que “Electroshock” ofrece de verdad al espectador es un festival gore de corazones arrancados, purés de vísceras y mutilaciones por doquier, todo de buena calidad y en cantidad. Suficiente para tenerla en cuenta.