Crítica de "La Familia Addams", el regreso animado de los personajes creados por Charles Addams

Hace ya más de 20 años desde la última película o contenido audiovisual dedicado a La familia Addams y hay una buena razón. Todo el mundo quería olvidar la tercera parte de la estupenda dupla de films que llenaron los cines en los años noventa, a pesar de tener al mismísimo Tim “Pennywise” Curry en el papel de Gómez. Y es que, para muchos, las adaptaciones de Barry Sonnenfeld son parte de su infancia, o al menos en cierta forma, filmes generacionales en el periodo en el que aparecían por televisión muy a menudo. Y mientras la última de las adaptaciones en acción real iba dirigida al mercado de vídeo, nadie ha parecido echar de menos a la creación de Charles Addams hasta esta época de revivals y búsqueda de nuevas marcas que seguir exprimiendo.



El movimiento comercial de convertirla de nuevo en personajes caricaturizados, volviendo un poco a su diseño de viñetas original, tenía un interés añadido por los fans de la creación más aplicados. Volver a su carácter de dibujo animado—ha vivido ya dos series así—, aunque sea en tres dimensiones, tenía sentido, dadas las ilimitadas posibilidades plásticas que ofrecen las herramientas digitales actuales. La idea, sin embargo, acaba supeditada a las exigencias del cine de animación actual más convencional, con un cuidado en las texturas sin brillo y diseños que no aprovechan las posibilidades monocromo apuntadas en las adaptaciones de cine.
Había opciones de hacer una animación de calidad, con variables estéticas que le dieran personalidad y acercaran el producto a adaptaciones de cómics retro que aprovechan las limitaciones autoimpuestas para salirse del marco y hacer algo tan sencillo como usar una paleta menos colorista, jugar con los niveles tridimensionales o adaptarlos a la cualidad “de entintado” de origen, con líneas más marcadas que den personalidad. Esa dirección que han empezado a tomar algunas obras de animación como Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts, que saben mantener la esencia del trazo del autor gráfico e incorporarlo en las formas de la escultura digital, habría calzado muy bien en un proyecto como este.

Pero dado que esa no es la opción, queda disfrutar con las posibilidades de ver a la familia monstruosa en situaciones exageradas, dinámicas e hiperbólicas que no podrían tener forma sin este formato. El caminar de Morticia como una levitación, los murciélagos de Fétido, el árbol viviente de Miércoles o los movimientos de Cosa —como siempre, lo mejor del conjunto— tienen una fluidez que nunca habían conocido en el cine. Los mejores momentos se reservan para los pequeños detalles, las ocurrencias como el desayuno de la casa cada mañana, algunas frases de humor bastante salvaje marca de la casa, que los niños puede que no acaben captando, y un cierto cuidado por cosas menos relevantes para la trama, como la forma de las coletas de Miércoles.

La trama hace un mix de elementos de las de las películas de Sonnenfeld y otros clásicos de película de terror infantil de los 90 como Casper (1995) o Ghosts (1996) de Michael Jackson. Nada nuevo para los veteranos, que sin embargo podrán ir captando algunas referencias incluso a la primera serie de televisión. En general, sí, todo parece dentro del universo Addams y es un episodio digno de la tradición de la familia con mucha de su inventiva siniestra y algo de mala baba, pero conforme la historia se va haciendo más pertinente se va perdiendo parte de su personalidad macabra para dejar signos de una transformación a un cine para niños actual mucho más convencional, víctima de los obligados momentos musicales o escenas de exhibición de manejo de la acción que podría haber estado en cualquier secuela de Gru o de los Minions. El temor de que se acabara contagiando del síndrome Hotel Transilvania se va haciendo más tangible cuando la personalidad de la familia va quedando enterrada en la exhibición, los momentos musicales y los créditos con la canción hip hop de turno.

ESPECIAL: Retrospectiva de La Familia Addams.

Puede decirse que todo eso es relativamente entendible y asimilable si uno tiene claro que cualquier remozado de materiales antiguos acaban pasando por el aro de la lavadora de la fórmula post pixar, salvo los ejemplos comentados o divertimentos tan absurdos e inteligentes como Capitán Calzoncillos. El gran problema de esta nueva Familia Addams es que pierde buena parte de la verdadera esencia que la define, que no es hacer constantes comentarios de inversión de frases hechas en el mundo de los humanos con connotaciones negativas y mortuorias. Eso está muy bien, pero falta la ferocidad y anzuelo en la forma en la que los personajes afrontan el rechazo a lo diferente que acaba abrazando la película casi por pereza. El clásico discurso de aceptación, de inclusión e integración es obvio, propio de nuestro tiempo y positivo, pero no se parece en nada, por ejemplo, a la respuesta de Miércoles en una situación similar en La Familia Addams: la tradición continúa. Hay mucho que disfrutar de un regreso de la familia más sórdida de la ficción infantil en 2019, pero algo se ha perdido por el camino.



Por Jorge Loser.