Visitamos Aokigahara (El Bosque de los Suicidios) - Día 3
Pese a los avisos de los lugareños seguimos adentrándonos en lo más profundo del bosque...
En nuestro tercer día decidimos volver al lugar donde nos habíamos encontrado el vehículo de un suicida abandonado cubierto de nieve decididos a seguir adentrándonos en Aokigahara. Cientos de metros más adelante en el camino nos topamos con un cartel que nos resultó familiar. Habíamos visto, tanto en la película como en documentales, que el bosque está plagado de carteles disuasorios para suicidas.

Este cartel se parecía mucho al de una secuencia de la película El Bosque de los Suicidios. El mensaje escrito en japonés decía algo así: “La vida es un regalo que recibiste de tus padres, piensa en ellos, en tus hermanos, y en tus hijos antes de proseguir”.

Cerca del parking hay un establecimiento turístico, con tienda y puesto de información, así que decidimos preguntarles por el cartel. Dentro del establecimiento fuimos atendidos por una chica amable pero con miedo en sus ojos. Apenas hablaba inglés y lo poco que pudimos entenderla al preguntarla por el cartel fue “Eso no bueno”, “suicidio…”.
Una sensación contradictoria nos invadió. Una parte de nosotros quería regresar sobre nuestros pasos a la seguridad de la entrada al bosque, mientras que otra deseaba seguir adentrándonos en lo más profundo del bosque y seguir descubriendo sus misterios.
Le preguntamos haciéndonos entender cómo podíamos la forma de adentrarnos en la zona que no pudimos visitar el día anterior y que estaba más alejada según nuestro mapa. Su respuesta fue muy clara: "Muy peligroso". Algo que nos sorprendió ya que es exactamente lo que le dicen a Sarah, la protagonista de la película. Pero nosotros ya habíamos llegado hasta allí y no íbamos a darnos la vuelta. Así que fuimos sin vacilar al lugar peligroso del que nos habla.
Ese día el bosque lucía el aspecto incómodo y amenazador que queríamos saborear, respirando la misma atmósfera que se siente en la película, como si en todo momento te sintieses vigilado.

Tras una pequeña caminata el camino dejo de serlo para convertirse en nn angosto hueco entre árboles en el que había menos vegetación, o menos nieve, pero en que las ramas diagonales de otros árboles te hacían agacharte para poder avanzar, y cada pocos metros tenías que bajar una rampa pronunciada, o subir una pequeña loma. Aquello ya no era un paseo, desde luego. Hubo un par de momentos en los que pensamos que nos habíamos perdido y la ausencia de carteles para orientarnos comenzó a preocuparnos.

Encontramos unas cuantas marcas de pisadas, de al menos dos personas distintas, y, en algunos puntos, marcas de cintas de colores en troncos (algo que no nos dejaba indiferentes y que ya entenderéis cuando veáis la película).

Dice la leyenda que en el lugar existe un fantasma japonés, el Yurei, y que Aokigahara está plagado de ellos. Afortunadamente no nos encontramos con uno de ellos (o de lo contrario no estaríamos escribiendo estas líneas) pero desde que abandonamos el lugar seguimos sintiendo su energía, el horror que encierra el lugar y el miedo que se mete en tus huesos cuando te adentras en él.
Grabar vídeo en el lugar es muy complejo ya que el audio del lugar es terrible por el eco del viento y los aviones que lo sobrevuelan. De todos modos os mostramos uno de nuestros intentos de grabar El Bosque de los Suicidios.
No hemos sido los únicos reporteros visitando Aokigahara estos días, así que si queréis una experiencia macabra más allá de la ficción, estad bien atentos a Cuarto Milenio el próximo domingo. Y si sois de los nuestros, tenéis una cita ineludible en cines el próximo viernes 26 de febrero con El Bosque de los Suicidios y Natalie Dormer por partida doble.
-Leer Crónica del día 2
-Leer Crónica del día 1

Este cartel se parecía mucho al de una secuencia de la película El Bosque de los Suicidios. El mensaje escrito en japonés decía algo así: “La vida es un regalo que recibiste de tus padres, piensa en ellos, en tus hermanos, y en tus hijos antes de proseguir”.

Cerca del parking hay un establecimiento turístico, con tienda y puesto de información, así que decidimos preguntarles por el cartel. Dentro del establecimiento fuimos atendidos por una chica amable pero con miedo en sus ojos. Apenas hablaba inglés y lo poco que pudimos entenderla al preguntarla por el cartel fue “Eso no bueno”, “suicidio…”.
Una sensación contradictoria nos invadió. Una parte de nosotros quería regresar sobre nuestros pasos a la seguridad de la entrada al bosque, mientras que otra deseaba seguir adentrándonos en lo más profundo del bosque y seguir descubriendo sus misterios.
Le preguntamos haciéndonos entender cómo podíamos la forma de adentrarnos en la zona que no pudimos visitar el día anterior y que estaba más alejada según nuestro mapa. Su respuesta fue muy clara: "Muy peligroso". Algo que nos sorprendió ya que es exactamente lo que le dicen a Sarah, la protagonista de la película. Pero nosotros ya habíamos llegado hasta allí y no íbamos a darnos la vuelta. Así que fuimos sin vacilar al lugar peligroso del que nos habla.
Ese día el bosque lucía el aspecto incómodo y amenazador que queríamos saborear, respirando la misma atmósfera que se siente en la película, como si en todo momento te sintieses vigilado.

Tras una pequeña caminata el camino dejo de serlo para convertirse en nn angosto hueco entre árboles en el que había menos vegetación, o menos nieve, pero en que las ramas diagonales de otros árboles te hacían agacharte para poder avanzar, y cada pocos metros tenías que bajar una rampa pronunciada, o subir una pequeña loma. Aquello ya no era un paseo, desde luego. Hubo un par de momentos en los que pensamos que nos habíamos perdido y la ausencia de carteles para orientarnos comenzó a preocuparnos.

Encontramos unas cuantas marcas de pisadas, de al menos dos personas distintas, y, en algunos puntos, marcas de cintas de colores en troncos (algo que no nos dejaba indiferentes y que ya entenderéis cuando veáis la película).

Dice la leyenda que en el lugar existe un fantasma japonés, el Yurei, y que Aokigahara está plagado de ellos. Afortunadamente no nos encontramos con uno de ellos (o de lo contrario no estaríamos escribiendo estas líneas) pero desde que abandonamos el lugar seguimos sintiendo su energía, el horror que encierra el lugar y el miedo que se mete en tus huesos cuando te adentras en él.
Grabar vídeo en el lugar es muy complejo ya que el audio del lugar es terrible por el eco del viento y los aviones que lo sobrevuelan. De todos modos os mostramos uno de nuestros intentos de grabar El Bosque de los Suicidios.
No hemos sido los únicos reporteros visitando Aokigahara estos días, así que si queréis una experiencia macabra más allá de la ficción, estad bien atentos a Cuarto Milenio el próximo domingo. Y si sois de los nuestros, tenéis una cita ineludible en cines el próximo viernes 26 de febrero con El Bosque de los Suicidios y Natalie Dormer por partida doble.
-Leer Crónica del día 2
-Leer Crónica del día 1
Título relacionado
El Bosque de los Suicidios (2015)
Dirección Jason Zada
Reparto Natalie Dormer, Taylor Kinney, Yukiyoshi Ozawa, Eoin Macken
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